21 de febrero del 2005
La represión que viene
Las amenazas hechas por
dos oficiales del Departamento de Seguridad del Estado
el 15 de febrero a mi hijo, el periodista independiente
Iván García Quintero, me hacen suponer que
el poderoso aparato represivo cubano está perfilando
una nueva razia contra opositores y periodistas independientes
de todo el país.
Por Tania Quintero
Desde Lucerna
La oleada represiva a gran escala
ya debe estar diseñada y probablemente perfeccionada
después de la "experiencia" de marzo
del 2003, donde en 72 horas arrestaron a un centenar de
disidentes en varias provincias. Su fecha de ejecución
debe ser el mes de abril, una vez concluida la 61ª
sesión de la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas, a inaugurarse el 14 de marzo en
Ginebra.
De acuerdo a analistas consultados,
este año el gobierno cubano tiene posibilidades
de no ser condenado como violador de los derechos humanos
que es. Inclusive ha logrado colarse en el Grupo de Situaciones,
especie de gabinete de crisis u ombusdman que funciona
dentro de la Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas.
El Departamento de Seguridad del Estado
sabe que lo de mi hijo es leer (es de los pocos que en
La Habana que se leen desde la primera hasta la última
página de los periódicos oficiales) y escribir
desde 1995, cuando Raúl Rivero le ayudó
a descubrir su vocación de periodista. Su otra
gran afición son los deportes, que sigue como un
poseso, por radio y TV. La Seguridad del Estado que el
8 de marzo de 1991 le detuvo, interrogó y mantuvo
en sus celdas hasta el 21 de marzo del propio año,
sabe que a él no le interesa participar en nada
y no tiene madera de líder ni de organizador, porque
odia asistir a reuniones, a no ser las peñas deportivas
donde se discute de béisbol.
Con las amenazas para que deje de
escribir lo que van a lograr son más argumentos
demostrativos de que el régimen de Fidel Castro
-ahora envalentonado por el respaldo económico
de China y Venezuela, las compras de alimentos a Estados
Unidos y las perspectivas de autoabastecerse de petróleo-
es un fósil del Caribe.
A diferencia de naciones comandadas
por líderes neoantimperialistas (Chávez,
Lula, Tabaré, Kirchner), donde los ciudadanos pueden
leer toda clase de libros, periódicos y revistas;
tener computadoras y acceder a Internet; comprar y usar
teléfonos móviles y crear partidos de oposición,
en Cuba todo eso está prohibido.
Porque si reprimidos están
los disidentes y periodistas independientes, reprimidos
están también todos los cubanos, con excepción
de aquellos que han preferido hacerle el juego al régimen
y venderle su alma, por miedo o por oportunismo.
El 15 de febrero los dos oficiales
de la Seguridad del Estado se lo dijeron a mi hijo: no
van a permitir la celebración de un encuentro nacional
de opositores, convocado para el 20 de mayo por la Asamblea
para Promover la Sociedad Civil, lidereada por Martha
Beatriz Roque Cabello. Más claro, ni el agua.
El 31 de enero la Unión Europea
decidió suspender hasta julio las sanciones contra
el gobierno cubano adoptadas después de la primavera
negra del 2003. Al día siguiente, Fidel Castro
se dio golpes de pecho y ridiculizó a la UE y,
por supuesto a Estados Unidos, su enemigo sempiterno.
España llevaba la voz cantante en los intentos
de diálogo con un gobernante a quien le da lo mismo
ocho que ochenta. Moratinos, Zapatero, Chávez y
otros socialistas y comunistas españoles ya dieron
por buenas sus gestiones y le quitaron el plot a Cuba.
Mientras, lo peor no es que todavía cerca de 300
presos políticos cubanos enmohecen tras las rejas,
sino que los calabozos de Villa Marista están listos
para recibir a decenas de opositores más.