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5 de agosto de 2006

Reflexiones
De ritos y realidades

Por Tania Quintero, desde Lucerna

En la hora final de Castro, el boom mediático -y místico- no ha hecho más que empezar. El régimen lo sabe y responde con una espesa capa de humo para impedir a propios y foráneos hablar y contar más de la cuenta.


Por estos días, cadenas televisivas europeas muestran reportajes variopintos. El 5 de agosto retransmitían imágenes del Maleconazo, la represión y la estampida desatada en 1994. En Bolivia, el embajador de Cuba, Rafael Daussa, de traje, cuello y corbata, participaba en las calles de Santa Cruz de una ceremonia pachamana por la salud de Fidel Castro y donde no faltaron hojas de coca, aguardiente de caña y fotos del Che. En Miami, el presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana, Jorge Mas Santos, con guayabera y hablando en inglés y español, exhortaba a los militares cubanos a desoír las órdenes de Raúl Castro.

En Galicia era entrevistado un desmejorado y enflaquecido Manuel Fraga, fundador del Partido Popular y viejo amigo de la familia Castro Ruz. Una de sus integrantes, Juanita Castro, exiliada en Miami desde los años 60, nunca había sido tan asediada por la prensa. Muy solicitada ha estado también la hija ilegítima de Fidel Castro, Alina Fernández Revueltas.

Normalmente a los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba les es difícil desarrollar libremente su labor. En estas circunstancias, dado el secretismo y el misterio, al no poder cumplimentar todas las peticiones de sus redacciones, los medios por ellos representados calzan los escuetos despachos enviados desde La Habana, con entrevistas y anécdotas al margen de la censura castrista, obtenidas de enviados especiales a Estados Unidos y otros países donde radican comunidades cubanas.

Hasta la fecha, poco ha trascendido de lo que en realidad pasa en Cuba. Y menos de lo que está pasando por la cabeza del cubano. Algo que también debe preocupar al Ministerio del Interior: ellos tienen bien controlados y vigilados a los disidentes y periodistas independientes, no así a una oposición silenciosa conformada por ciudadanos de profesiones, empleos y rangos sociales diversos.

Casi todas las opiniones vertidas en las calles ante cámaras y micrófonos extranjeros carecen de credibilidad: la mayoría son dichas de "dientes pa' fuera". La gente no es boba y se cuida. Algunos prefieren no opinar y se escudan en el lenguaje retórico y panfletario, aprendido durante 47 años. Los funcionarios, ya es habitual, no se salen del guión previamente elaborado por el partido.

Lógica cautela mantienen al hablar o escribir los disidentes y periodistas independientes. Es comprensible: al reportero foráneo que "se pasa de rosca", las autoridades lo expulsan del país. Pero si un disidente o periodista independiente se "extralimita", su destino es la cárcel -si aún no han entrado en vigor los planes diseñados para "el día D" y de los cuales hace tiempo se tienen noticias: activación de túneles como prisiones para opositores y descontentos; juicios sumarísimos y pelotones de fusilamiento (si antes al "contrarrevolucionario" no lo han eliminado de un tiro en la nuca: todo vale para "salvar la patria, la revolución y el socialismo").

Cuando se han vivido en Cuba las verdes y las maduras, antes y después de 1959, es fácil imaginar las especulaciones que a puertas cerradas están teniendo lugar en estos momentos en los hogares cubanos. La rumorología criolla, más conocida por "radio bemba", es tan vieja como la afición al juego y las apuestas inculcada por los españoles. Desde tiempos de la colonia, en Cuba nada escapa a la murmuración y el cotilleo. Al extremo de llegarse a afirmar que determinadas "bolas" son echadas a rodar por el propio gobierno. Hermano gemelo de los chismes son los chistes - de los cuales no han escapado Fidel Castro y su hermano Raúl.

"Radio bemba" está tan enraizada como las creencias. Las consultas a santeros y babalaos estarán a la orden del día, así como las sesiones de espiritismo y los turnos para tirarse las cartas o leerse las manos. También las ofrendas a deidades de las religiones católica y yoruba, en especial las tenidas por más poderosas y protectoras: Oshún, Obatalá, Yemayá, Shangó, Babalu-ayé y Oggún.

A Elegguá y Orula muchos creyentes estarán "dándole de comer", en un intento por vigorizar su protección. Los "trabajos" en el mar y cementerios; bajo palmas, ceibas y yagrumas; por las vías férreas y cerca de dependencias oficiales (unidades de policía, oficinas migratorias, del partido y el poder popular) se multiplicarán tanto o más que las solicitudes para "hacerse Iyabo" y realizar misas espirituales a muertos allegados. Es difícil de saber, pero debe haber crecido la demanda de velas, flores, yerbas, cascarilla, miel de abejas, aguardiente, cocos, calabaza, plátanos, harina de maíz, palomas y gallinas prietas, entre otros productos utilizados para "una buena limpieza".

Es de suponer que las visitas a las iglesias se incrementarán en la medida que "la cosa se siga viendo oscura". Sobre todo al Santuario del Cobre, en Santiago de Cuba y a las que en la capital acogen a los santos más venerados y próximos a celebrar: las vírgenes de Regla (7 de septiembre), la Caridad (8 de septiembre) y las Mercedes (24 de septiembre); San Judas Tadeo (28 de octubre), Santa Bárbara (4 de diciembre) y San Lázaro (17 de diciembre).

A la cautela, desinformación y misticismo se unen preocupaciones más terrenales: la repercusión que la actual situación pudiera tener en la relación dólar-euro-peso cubano convertible; la previsible disminución del turismo, máxime en meses de temporada ciclónica: el temor de empresarios extranjeros, quienes ante un incierto futuro pudieran cerrar sus negocios y marcharse y por último, pero no menos importante, las afectaciones inmediatas sobre la deprimida economía interna y sobre las mejoras sociales anunciadas, desde la construcción acelerada de viviendas hasta una mayor cantidad y calidad de alimentos vendido a la población por la libreta de racionamiento (vigente desde marzo de 1962).

Entretanto, y en medio de mensajes "tranquilizadores" desde La Habana y de campañas iniciadas por el exilio anticastrista de Miami, los signos de interrogación se multiplican de un extremo a otro del planeta, que con atención sigue el desarrollo de dos crisis: la del Medio Oriente y la de Cuba a raíz del deterioro de la salud de Fidel Castro.

Pese a la incertidumbre, las limitaciones materiales, el aumento de la vigilancia, la probable represión y la escasez informativa, afortunados pueden todavía considerarse aquellos que dentro de sus casas, con la radio y el televisor prendidos -para que Fefa Comité no pueda escuchar- tienen la posibilidad de comentar con los suyos sus miedos, frustraciones o esperanzas. Porque ni eso pueden los cerca de 330 presos políticos cubanos.

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