24 de abril del
2003
Grieta subversiva
Ahora
somos los sospechosos, porque no hemos sido detenidos ni
procesados como les hicieron a los opositores que ya guardan
prisión.
Sólo nos han citado a las oficinas de la llamada
Seguridad del Estado, donde en medio de un diálogo
frío y muy profesional pretendieron hacernos entender
que nuestra labor como periodistas independientes ya no
tiene sentido, porque la posición fue desmantelada
y según ellos, jamás levantará cabeza
otra vez.
Allí frente a un oficial vestido de civil en un cubículo
carente de calor humano, nos comunicó muy sutilmente,
de que aunque seguíamos en la calle, en un momento
dado, podríamos ser también candidatos a una
condena por traición a la patria. Por lo tanto, a
cuidarnos.
Sin contar, y es lo más temible, que sobre nosotros
ha caído en un premeditado acto muy bien pensado,
hay que reconocerlo, la duda que ya flota en el ambiente.
Nos acorrala la duda y todos nos preguntamos, ¿por
qué a éste sí y al otro no?
Ese por qué nadie lo sabe. Ni siquiera la más
profunda cábala podrá aclararla. La diabólica
sospecha estará presente sobre y en cualquier conversación,
mirada, que someteremos bajo la inclemente lupa por averiguar
quién es el otro (o los otros), que fingiendo como
miembro del grupo es un agente de la Seguridad del Estado,
infiltrado.
Eso siempre ha existido y existirá. Por lo tanto
hay que someterse a ello. Es una condena implacable, una
presión sin límites, porque la confianza ha
sido minada y ya estamos pagando las consecuencias.
Resultado, que unos callan y sus mutis los comprendemos.
Pocos son capaces –de establecer un sincero intercambio
de opiniones o discutir amigablemente un asunto con franqueza,
porque las zonas de silencio radican en cuidarse de lo que
se hable o se piense. Y una moderación quizás
sea el mejor salvoconducto por el temor de no querer ser
atrapado por el agrio olor de una celda o un calabozo.
Así estamos. Así vivimos. En medio del recelo.
Ahora, ellos baten palmas, porque lograron abrir una grieta
entre los que sólo deseamos dar a conocer la otra
cara de la realidad cubana.
Ellos lo saben, sembraron la sospecha que costará
mucho erradicar. El terror ha sido impuesto por ellos, y
el temor por nosotros. Los que seguimos, sabemos a lo que
nos atenemos. Es el precio aunque la recompensa todavía
no tiene rostro.
|