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24 de marzo del
2003
Voz peligrosa
Tener la otra opinión en Cuba y expresarla
pacíficamente adquiere categoría de pecado
mayor.
Nadie se Salva. Lo mismo un letrado que un compatriota de
a pie, que hasta un predicador del Evangelio.
Reconocen sin lugar a dudas, que tarde o temprano, serán
víctimas del aparatoso programa.
El estigma cae sobre ellos y sufren el desamparo de la razón
y ser condenados por el poder.
La serie de cubanos detenidos, enjuiciados y condenados
a finales de marzo y comienzos de abril es una prueba palpable.
Entre ellos, lo mismo usted pudo encontrar a uno de procedencia
campesina que apoyó a la revolución en un
pretérito no tan lejano, que un poeta famoso, que
un ex militante del partido comunista cubano o un profesor
de una secundaria en el campo.
Y como dijimos al principio que tener la otra opinión
en Cuba es un pecado mayor, mantener esa posición
sin claudicar, es adquirir connotación de víctima
inocente, pese a la propaganda oficialista del régimen,
que los cataloga de mercenarios de una potencia extranjera,
cuando ninguno de ellos, en ningún momento desdeña
su condición de cubano.
Este triste suceso, otro más, lejos de extirpar un
ideal acrecentará posiciones de inconformidad, propiciará
otros métodos para conseguir la democracia perdida,
que convergerán, y ojalá que nunca suceda
lo terrible para no agregarle la cuota de sangre, cualquier
día, el menos pensado, tendremos otra primavera de
Praga, pero esta vez sin la ayuda de los tanques rusos.
Por suerte.
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