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Julio del 2003

Martes negro

A partir de la segunda quincena de marzo, el mundo observó sin miopía ni refracción al monstruo que hizo más de las suyas en Cuba. Desde entonces perciben sus cuernos, las orejas peludas, las zarpas, la saeta en la cola y el tridente en una mano.

Entre el 18 y el 25 de ese mes las autoridades detuvieron a 75 cubanos y días después les impusieron sanciones entre 6 y 28 años de cárcel. Son promotores de la democratización de la isla y de ejercer el derecho a la expresión sin cortapisas. De ellos, 25 periodistas independientes. Ahora en las prisiones de la isla hay 28 colegas. Dos esperan juicio desde marzo de 2002 por protestar, de modo público, contra la agresión física a un reportero por un gendarme político, y otro que en noviembre de 2003 concluye la condena de seis años por opinar fuera de las directrices estatales.

Nunca antes se escuchó un clamor casi universal contra la bota que oprime a los cubanos desde 1959. Parece un llamado divino al mundo. Muchos de los que por años han aplaudido la opresión al pueblo cubano, hoy la denuncian. Aunque los jefes del país han dicho que el costo político y demás consecuencias los tenían previsto y calculado; el menos sagaz comprende que se les fue la musa. Estos mandantes no tienen en cuenta a Dios ni sus llamados.

La copa se rebozó con el fusilamiento de tres hombres que intentaron, el 2 de abril, llegar a Florida en la lancha Baraguá, del servicio de cabotaje dentro de la bahía de La Habana. Muchos consideran estos hechos como el clímax de la soberbia, la maldad y la ira disparatada de un gobierno contra el pueblo. Fue como decir a la opinión internacional: me importan un pito sus protestas, váyanse a la porra.

Sin embargo tiene movilizada a la intelectualidad oficialista para que rueguen a los amigos que están lejos para “que no se dejen confundir” y regresen al redil de la ignominia que sería respaldar el rosario de abominaciones que ejerce contra el pueblo de la isla. No obstante quedan horrores por venir. Una avanzada de estos ocurrió con el doctor Oscar Elías Biscet González, encarcelado en diciembre de 2002 -hacía 39 días que estaba en libertad- lo exoneran del supuesto delito de desorden público el día antes del juicio donde lo condenaron a 20 años por el supuesto de conspirar para desestabilizar al país. Recibió cartas de personas del gobierno de Estados Unidos y una organización de ese país lo premió por su valor en el empeño de democratizar a Cuba.

La gendarmería política no deja de amenazar a periodistas independientes, opositores pacíficos, incluso a los países que se muestren solidarios con la disidencia cubana. El lenguaje cada vez más enardecido de la jefatura isleña, hace pensar en una reedición del caso Biscet, con los periodistas independientes que esperan juicio y con Arévalo Padrón que debe quedar en libertad en noviembre. A este, le negaron en mayo y por enésima vez, la libertad condicional. Hace poco le despojaron de sus manuscritos y directorio personal.

Revistas, escritos personales, libretas de apuntes, fotos familiares, hojas de papel, máquina de escribir, fax, teléfonos y alguna computadora, son las pruebas del delito de los 75 condenados, tras la operación represiva del 18 de marzo. El aislamiento internacional levantado por la gobernatura de la isla y su atrincheramiento en baluartes de sofismas, muestra una vocación contraria a lo racional; por consecuencia de sordera al reclamo del mundo para que libere a los prisioneros de conciencia y respete los derechos ciudadanos. La historia cubana recogerá-seguro- el 18 de marzo de 2003 como un martes negro en el camino de la nación hacia la democracia, y quizás también del campanazo anunciador del trecho final de esa senda.


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