1ro de julio
del 2003
Más allá
de las rejas
Decenas de presos políticos
despiertan cada mañana en celdas de cárceles
diseminadas por toda la isla. En la capital, miles de cubanos
salen a la calle a luchar desde horas tempranas.
A ganarse la vida, luchar han salido
estos tres hombres sentados en un “estratégico”
banco del Parque Central, en el corazón mismo de
La Habana. Los tres son negros. Uno de ellos hace como si
estuviera leyendo el Granma. En un banco cercano conversan
dos mulatas.
Desde el “estratégico”
banco se divisan cuatro hoteles: Inglaterra, Telégrafo,
Parque Central y Plaza. De pronto el del Granma dobla el
periódico y se para. Es la señal. Con pasos
rápidos se dirige hacia dos turistas que van a abordar
un Havanautos parqueado entre el Inglaterra y el Telégrafo.
Las mulatas dejan de hablar y se ponen
sobre aviso. Los otros dos hombres también están
“en guardia”. A una seña, ellas se dirigen
al parqueo. Los turistas les echan un vistazo. Son bonitas
y de buena figura, pero van pobremente vestidas. Y dicen
no con la cabeza. Operación fracasada. Vuelven a
sus posiciones. En espera de un cuadre.
Por Zulueta varios choferes están
a la caza. De extranjeros o cubanos. Para alquilar sus autos
por dólares o pesos. Ninguno de ellos tiene licencia,
porque el gobierno no ha vuelto a otorgar permisos para
“taxitear” por cuenta propia.
Toda la zona está llena de
bicitaxis, en franca competencia con los almendrones o viejos
carros americanos que frente al Capitolio tienen su principal
base. La mitad de los bicitaxistas no son oriundos de la
ciudad. Han venido de Guantánamo, Las Tunas, Cienfuegos,
Matanzas o Pinar del Río. A luchar en La Habana.
Si para una inmensa mayoría
de capitalinos Eldorado es Miami, para los del interior
lo máximo es la antigua Villa de San Cristóbal.
En el asfalto dejan atrás el acento y biotipo provinciano
y hasta pueden aspirar a saltar el trampolín y legalmente
caer en Madrid, Roma, París, Berlín, Estocolmo,
Ámsterdam…
En este verano lluvioso los turistas
escasean, mas siempre puede producirse un enganche. Empatarse
con una yuma y brincar el charco. Dejar atrás la
libreta de racionamiento y el baño con cubos de agua.
Con otras posibilidades de lunes a viernes usted se encontrará
a cientos de personas, de toda Cuba, haciendo cola al final
de la calle Zulueta, en el Consulado de España. Es
el segundo más demandado, después del de Estados
Unidos.
Dentro de la multitud una señora
pregona sus pasteles de guayaba, a tres pesos cada uno.
Un viejo lee la última Bohemia y otro come maní
“acabadito de tostar”. Clientes sobran a media
mañana, cuando las tripas empiezan a sonar. Algunos
rostros se ven silenciosos, preocupados, pensando si obtendrán,
por fin, la ansiada visa. Un hombre mayor sale risueño:
ya le queda poco para recibir la ciudadanía española.
Lentamente podrá ir sacando a toda la familia del
país. Y cuando sea español, viajar a Estados
Unidos y reencontrase con sus parientes.
Si uno se fija bien verá parejas
hispano-cubanas. Pepes con pepillas o tembas españolas
que han redescubierto el sexo con aseres cubanos. Tipos
como Dinio o Asdrúbal, con “ángel”
para el ligue. Sí, claro, hay diferencias de edades.
Similares a las del padre de Julio Iglesias con Ronna o
Sarita Montiel con Tony. En Cuba y en España la titimanía
sigue estando de moda.
En la plazoleta de la calle Cárcel
han colocado una valla con la palabra Antifascista sobre
una reproducción del Guernica de Picasso. Le pregunto
a un bicitaxista aburrido si sabe de cuál pintura
se trata.
- No lo sé ni me importa. A
mi no me interesa la política, responde.
- Pero te pregunto algo cultural.
- Tampoco me interesa la cultura.
- ¿No? ¿Y que te interesa a ti?
- Buscarme 200 ó 300 pesos al día (10 a 15
dólares) para mantener a mi mujer y dos hijos.
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