1ro de julio
de 2003
Verano ardiente
No es solo por las altas temperaturas
en Cuba. El clima político está matizado por
la tensión e interrogantes acerca del futuro. En
lo social, ya arrancaron las vacaciones escolares y los
padres se rompen la cabeza en busca de comida y opciones
recreativas para sus hijos.
La incertidumbre es para todos. Disidentes
como Osvaldo Payá Sardiñas, gestor del Proyecto
Varela y Elizardo Sánchez Santacruz, presidente de
la Comisión Cubana de Reconciliación Nacional
y Derechos Humanos, reconocen que ni con una bola de cristal
en sus manos pueden predecir que será de sus vidas
en los próximos meses.
Están al filo de la navaja.
Nadie puede asegurar si continuarán en libertad o
en los meses venideros irán tras las rejas. Eso solamente
lo sabe Castro. Mientras analistas foráneos se devanan
los sesos para encontrar una lógica a la oleada represiva
desatada por el gobierno cubano en el marzo negro, en la
isla pocos duermen tranquilos.
Iria González, 60, periodista
independiente, pasa tranquilos los días en su casa
de Santos Suárez, releyendo El Alquimista, del brasileño
Paulo Coelho, y rezando por los 75 presos de conciencia
de la razia primaveral. En particular ora por su amigo Raúl
Rivero, poeta y periodista de alto vuelo que ahora por decreto
oficial pernocta a 462 kilómetros de La Habana, en
la prisión de Canaleta, Ciego de Avila.
Iria también reza en su iglesia,
San Juan Bosco, por Martha Beatriz Roque Cabello, asidua
a la misma congregación católica y residente
en la comunidad. Iria no está desprevenida. Tiene
preparado un macuto. En cualquier momento tocará
a su puerta la policía secreta. Es la sensación
y el ambiente que existe en Cuba en este verano de fuerte
sol y abundantes lluvias. Se vive una atmósfera siniestra.
Castro y sus medios lanzan campañas, libros y una
propaganda dura sobre los disidentes y periodistas independientes
aún en la calle. Cualquier cosa se espera. Corre
el rumor de que próximamente habrá nuevos
arrestos y juicios y que en algunos casos decretarán
arrestos domiciliarios.
Los opositores que no fueron encarcelados
en marzo están a merced de la coyuntura internacional.
Los platos rotos siempre los pagan los más indefensos.
La zozobra de la guillotina sobre la cabeza no la padecen
solo los disidentes. Dentro de los diversos escalones gubernamentales
cohabita el miedo. Una serie de movimientos se han producido
en la superestructura. El alcalde de La Habana, el primer
secretario del partido en la capital y los ministros de
Transporte y Finanza han sido removidos de sus cargos.
Las razones exactas se desconocen,
dando pie a especulaciones. Y corre la bola de que habrá
más cambios, de ministros, gerentes de empresas,
dirigentes políticos y hasta en la esfera militar.
Como los medios en la isla nada informan, los rumores continúan.
Y hay quienes afirman que algo se mueve dentro del gobierno.
Pero con certeza nadie puede aportar
hechos en un país donde el enigma y el misterio se
da en estado natural. Entre tantos, disidentes y ministros
están en ascuas. También lo está el
cubano de a pie.
En julio comenzaron las vacaciones
veraniegas y una gran mayoría de niños, jóvenes
y adultos permanecerán en sus casas sin tener claro
de qué forma podrán disfrutar sanamente en
estos meses de recio calor. El dinero escasea, la comida
sigue racionada y la economía nacional no da señas
de mejoría ni de satisfacer a la gente sencilla,
ansiosa porque su vida prospere a corto plazo.
“Muchas mesas redondas y muchos
discursos, pero nadie plantea cómo vamos a superar
la actual crisis y si algún día podremos detener
el alto costo de la vida. La prensa no habla de que necesitemos
tener salarios superiores para adquirir alimentos y otros
bienes. Si se ganara más, mucha gente dejaría
de robar o no tendría necesidad de llamar a sus parientes
en Estados Unidos pidiéndole dólares”,
dijo contrariado José, obrero, 36, padre de dos hijos
varones.
José quisiera volar a Marte.
Durante julio y agosto tendrá a sus hijos en casa
y no sabe qué va a hacer para alimentarlos. Devenga
un salario de 200 pesos (US $ 8.00) y su esposa menos, 163
pesos (US $ 6.00) como oficinista. “Ya le dije a los
muchachos que se olviden de la playa y de parques infantiles.
Tendrán que conformarse con el cine, en el mejor
de los casos, y con la TV, mucha TV”, señala
José, quien al igual que muchos padres recibe la
llegada del período vacacional como una verdadera
carga pesada.
Mas no todos en la Cuba del siglo
21 sufren por estos días. Se trata de personas a
quienes no importa si existe o no represión y si
cambian o no los ministros y dirigentes. Son los cubanos
que conforman la clase media. Trabajan donde el dólar
entra y sale, en empresas. Tienen un denominador común:
fingen apoyo al régimen, se las ingenian para conseguir
moneda dura y pasar vacaciones a orillas del mar, tomando
cerveza y comiendo masas de cerdo fritas. Pero son los menos.
Tampoco se agobian con la llegada del receso escolar, los
ministros y dirigentes mientras están en el cargo.
La incertidumbre de lo que acontecerá
en Cuba en un futuro cercano no lo puede predecir ni Walter
Mercado. Por tanto, a la expectativa hoy están gerentes,
militares, ministros, obreros y disidentes. Y también
artistas, intelectuales, científicos y deportistas.
Pero la parte más débil
de la cadena son los disidentes. Sobre ellos este verano
pueden caer 20 años o más de prisión.
Lleva razón Iria González,
la periodista independiente, al tener a la mano una bolsa
con un mínimo de cosas imprescindibles para llevar
consigo en caso de ser detenida. Y mientras aguarda el toque
severo en su puerta, relee El Alquimista, una fábula
sobre sueños y señales.
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