20 de junio del 2003
¿Clon? ¿O Pijirigua?
No descansa en paz. Es el precio
de la fama... y del orgullo de los hombres.
No son suficientes su registro en el Libro de Records Guinness
y el monumento post mortem, en su honor. No basta con el
intenso servicio prestado en vida a la vanidad -más
que a la demanda humana- con una producción lechera
ascendente, en un sólo día, a los 110 mil
litros.
En Cuba quieren resucitar,
mediante la clonación, a Ubre Blanca, que fue la
mayor productora mundial de leche, en otro tiempo. Pero,
¿para qué?, si con la vaca viva o muerta los
habitantes de esta hermosa isla caribeña hemos carecido
siempre del indispensable alimento lácteo.
Según fuentes fidedignas,
Dolly, el famoso clon de una oveja, costó dos millones
de dólares. Vivió poco tiempo. Sin embargo,
una oveja, cualquier oveja, concebida mediante un proceso
natural, sólo cuesta cinco dólares, goza de
longevidad y no implica riesgo alguno o efectos dudosos
para la salud humana.
Ciertas tendencias científicas
argumentan que algunas manipulaciones genéticas responden
a la necesidad de un ascenso productivo para mitigar el
hambre. Pero los dos millones invertidos en Dolly se fueron
a bolina, o mejor dicho, al polvo junto a la ovejita...
y la hambruna persiste, porque se origina en la ineficiencia
o el egoísmo humanos, o en la combinación
de ambas negatividades. Quizás esos dos millones,
empleados de otra forma, al menos hubiesen aliviado las
penurias de un buen número de personas.
Lo mismo sucederá con
el clon de Ubre Blanca. Aunque si la pequeña Dolly
costó dos millones, ¡vaya usted a saber a cuántos
ascenderá la clonación de la Gran Vaca Cubana!
Mientras, los habitantes de la Isla seguirán a cuestas
con todas las calamidades amontonadas durante más
de cuatro décadas y con las que auguran añadírseles.
En tal caso, también,
sería más útil invertir tanto dinero
en atenuar el sinnúmero de necesidades apremiantes
de la población cubana o en la cría -a la
antigua- de vacas normales, comunes, corrientes, como la
vaquita de Pijirigua, descrita en una simpática canción
popular criolla. ¡Pero que den leche para todos como
Dios manda, por favor!
Algunos eruditos afirman que existen tres tendencias en
el mundo en cuanto a las manipulaciones genéticas
se refiere. Dicho a mi modo: quienes practican los experimentos
genéticos irresponsablemente; quienes los realizan
con celo ético; y, por último, quienes se
oponen.
Voto por la tercera posición,
hasta tanto se pruebe que el manoseo genético será
inocuo al ser humano, a la Naturaleza, a todo lo viviente,
porque muchos de los llamados “adelantos científicos”
han conspirado contra la vida misma.
Debido a que las autoridades
cubanas restringen el acceso a Internet no fue sino por
estos días de junio del 2003, que con ciertas secretas
artimañas, pude leer un interesante artículo
de Julian Coman, periodista del The Telegraph de Londres,
donde se refiere a los intentos por clonar a Ubre Blanca
en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología
de La Habana.
Titulado Desesperately short
of milk, Cuba tries to resurrect a hero o the revolution
(en buen cubano, significa que ante el tremendo aprieto
por la eterna falta de leche, aquí se le echa mano
hasta a lo muerto), el artículo del colega Julian
Coman, con tono elegante, imparcial y sugerente, ofrece
una información más amplia y objetiva desde
Londres, que la publicada en la Isla por la prensa gubernamental.
Por otra parte, Coman hace
escueta alusión al artículo que escribí
hace algún tiempo sobre Ubre Blanca y la escasez
de leche en Cuba. Señala mi escepticismo ante los
experimentos genéticos acometidos en mi país
y cierra su artículo con la pregunta que hice en
el mío: ¿dónde está la leche?
Ahora, a la distancia de 44
años de fracasos e intentos infructuosos de todo
tipo, por un poder estático, a un año del
artículo de Coman y a varios años del que
escribí, reitero mi escepticismo, pues los cubanos
seguimos desesperately short of milk… and of everything,
y preguntándonos aún: ¿Where is the
milk? |