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Marzo 2003
Allanamiento en Cuba: peligrosos
hallazgos
Por Iria González-Rodiles
No hallaron armas, ni municiones, ni
planes de asalto al Comité Central del Partido Comunista,
ni proyectos de atentados contra Fidel Castro. Nada: no existen.
Ni contratos con la CIA, ni pactos
con Al Qaeda, ni alianza con narcotraficantes. Tampoco.
(Tengo fuentes fidedignas: algunos
comentarios de los propios voceros oficiales durante las mesas redondas
previas a los sucesos, testimonios de familiares de los detenidos
y copias de actas elaboradas por los agentes en los registros).
Durante los allanamientos practicados
en hogares de periodistas independientes, a lo largo y ancho del
país, las autoridades cubanas encontraron máquinas
de escribir, grabadoras, cámaras fotográficas y de
video, computadoras, hojas en blanco y bolígrafos, destinados
a la difusión de sucesos que omiten los medios gubernamentales.
Para los agentes policíacos
resultó también peligroso otros materiales confiscados:
libros de poesía, narrativa, periodismo, política,
religión, literatura universal, periódicos y revistas.
Todo a la venta en los estanquillos y librerías o accesibles
en las bibliotecas de cualquier país del mundo democrático,
pero no aquí porque El siglo de las luces, de Alejo Carpentier,
puede ser sospechoso por su contenido y Rebelión en la granja,
de George Orwell, por el título.
En los registros, la gendarmería
requisó, además, radios portátiles con FM,
ondas media y corta, que posibilitan no sólo escuchar las
emisoras nacionales, sino, además, la BBC de Londres, Radio
Francia Internacional, la Voz de los Estados Unidos de América,
Radio Católica Mundial, Radio Netherland, en fin, estaciones
de todas las latitudes de la Tierra, ya que facilitar el acceso
a la información resulta aquí sumamente conspirativo.
Aunque con sede en la cercana Florida,
poco puede escucharse en esos receptores de la controversial Radio
Martí, debido a que la interferencia provocada desde Cuba,
es capaz de romperle el tímpano y dejar sordo a quien persevere
en la sintonía con la estación de Miami.
Por supuesto, las fuerzas policiales
hicieron otro gran hallazgo en medio de tantos registros: un montón
de opiniones divergentes y noticias sin censura, perceptibles en
el contraste blanco y negro de las cuartillas periodísticas.
Nada oculto pues se publican en Internet y otros medios internacionales
de comunicación.
Ni escándalo, ni resistencia,
ni riposta, hubo por parte de los periodistas librepensadores cuando
fueron detenidos por los gendarmes a causa -según indican
los hechos- de la posesión de medios para el trabajo informativo.
Al cierre de este reporte, aún
se encuentran bajo arresto un buen número de colegas y opositores.
Casi se me queda en el tintero: las autoridades cubanas también
incautaron, durante los allanamientos, numerosos ejemplares de la
Declaración Universal de Derechos Humanos.
Me sobran palabras, finalmente.
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