“Retroceso de avance
Si me preguntaran cuál es el
libro de cabecera más leído, dentro del presidio
político en Cuba, contestaría sin titubeos:
la Biblia.
Así es para los presos políticos
de ahora y también lo fue para sus antecesores, condenados
durante los primeros tiempos del largo período castrista
que aún nos ocupa y preocupa.
Distintas son las razones para que el
Libro Sagrado goce de suma predilección, pero existe
un móvil esencial: la búsqueda de la compañía
de Alguien -ajeno a los controles de carceleros e inquisidores-
que mitigue el aislamiento y la soledad en las lóbregas
celdas y fortalezca el ánimo.
Pero en las primicias, los presos políticos
provenían de una etapa con predominio de la tradición
cristiana en Cuba. Raro era, por ejemplo, que alguien no
se bautizara desde la edad temprana.
Por el contrario, los presos políticos
de ahora son jóvenes que nacieron y han crecido en
una sociedad materialista, bajo un intenso y abarcador adoctrinamiento
político e ideológico, desde la escuela hasta
los medios de comunicación. O bien, los condenados
de estos tiempos son adultos que ya peinan canas y que abandonaron
la fe cristiana en su adolescencia, arrastrados por el vendaval
de aquellos primeros años, cuando la libertad y la
esperanza de una Cuba mejor parecían y se presentaban
como tangibles.
Otros, han experimentado un proceso
inverso, exclusivo, como es el caso de Vladimiro Roca, 58,
quien proviene de un hogar con auténtica veteranía
y militancia comunista.
Vladimiro solicitó el sacramento
del bautismo mientras cumplía cinco años de
condena en las cárceles cubanas, por firmar el histórico
documento LA PATRIA ES DE TODOS -donde se emiten criterios
sobre la situación cubana diferentes a los sustentados
por el gobierno de la Isla-, también suscrito por
René Gómez Manzano, Félix Bonne Carcassés
y Martha Beatriz Roque Cabello, la única mujer sentenciada
a 20 años de prisión, durante la última
ola represiva que el gobierno totalitario cubano desató
desde marzo pasado.
Generalmente, las autoridades carcelarias
admiten la posesión de la Biblia a los prisioneros
de conciencia, pero dificultan otro tipo de acceso a publicaciones
religiosas y objetos sacramentales. También obstaculizan
o limitan las visitas de los sacerdotes y religiosos consagrados
a las cárceles, aunque sólo tienen como misión
y empeño proporcionar el alimento espiritual a los
creyentes practicantes -políticos o comunes- que
se hallan en cautiverio.
Sin embargo, mucho evitaría
la degradación y el envilecimiento de la vida carcelaria
-sobre todo entre la gendarmería y los presos comunes-
una asistencia religiosa frecuente y sistemática.
Tal vez el despecho y la soberbia, más
que la incredulidad, impiden un gesto o una reacción
más generosa y humanista por parte de las autoridades
cubanas, pues cuando se anoten los fracasos del sistema
y de la ideología impuestos en Cuba, no podrá
dejarse de mencionar la vuelta a Dios de quienes renegaron
de Él y de quienes fueron adoctrinados en la ideología
materialista desde pequeños.
Quizás la conversión
de Vladimiro Roca sea la más emblemática y
una de las más fehacientes pruebas de que la Verdad
fluye a la corta o a la larga.
|