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De lo cubano y lo humano

Si "Patria es humanidad", mucho ha de hacer la nación cubana por reivindicarse.
Con frecuencia los medios oficialistas cubanos anuncian, dentro de la Isla y al mundo, la asistencia médica gubernamental que presta Cuba a los niños víctimas de la tragedia de Chernobil y a pacientes venezolanos de todas las edades, con diversos padecimientos y de extracción muy humilde, o bien, exaltan la labor de los médicos cubanos en los más intrincados parajes de América Latina y África. No menos publican, además, las costosísimas operaciones y tratamientos que reciban los habitantes de la Isla de forma gratuita.

Visto al desnudo, sin los matices ni dobleces políticos que le son inherentes, los servicios médicos que he citado, a modo de ejemplo, poseen un carácter humanitario de forma implícita.

Pero la auténtica práctica del humanitarismo no debe limitarse a las graderías: ha de llegar hasta los confines más sombríos de la sociedad que hallan su máxima expresión en las cárceles.

Según testimonian familiares y reclusos que han logrado, de forma subrepticia, extraer de las cárceles las quejas y denuncias de los presos, la vida en las prisiones cubanas excede los límites de lo infrahumano.

A la condena, al encierro obligatorio, se añaden condiciones antihigiénicas en las celdas e instalaciones carcelarias, que conspiran contra la salud de la población penal que, por cierto, la integran seres humanos, también.

Los presos hacen descripciones dantescas del entorno carcelario: conviven con roedores e insectos de todo tipo -mosquitos, cucarachas, pulgas, chinches, ácaros-, carecen de ventilación y de luz solar o eléctrica, los baños son una especie de letrinas o retretes de cuyos orificios -abiertos de forma permanente--emana una constante fetidez y por donde transitan las ratas y ratones. La comida es poca y mala. La atención médica deficiente. Y tan sólo he descrito "del lobo un pelo".

No creo que resulte imposible, tan siquiera, mejorar el deplorable entorno carcelario mediante la fumigación y desrratización sistemática como se hizo recientemente en todo el país.

Cierto que también he escuchado quejas por parte de los familiares de los famosos cinco cubanos confinados en las cárceles estadounidenses, pero nunca han declarado hallarse, dentro de la prisión que allá sufren, en tan infernales condiciones antihigiénicas como las que enfrentan los prisioneros cubanos en las cárceles de su propia tierra natal.

Me abochorna, como persona y cubana, verme obligada a referirme a tan miserable acontecer carcelario, pero un buen amigo me diría, como siempre lo hace, "que se avergüence el amo".
Adecentar las prisiones no sería más que un imprescindible y minúsculo detalle de obligatoria humanidad para las autoridades cubanas, que beneficiaría tanto a los reclusos políticos como a los comunes. Pero otros gestos humanitarios precisan recibir los encarcelados por objeción de conciencia.

"Patria es humanidad", dijo un hombre que, precisamente, fue un preso político en su época y que quedó marcado en cuerpo y alma, para toda su vida, por los horrores carcelarios: José Martí y Pérez, el Apóstol independentista cubano, quien no cumplió a plenitud los años de condena. Ante las gestiones mediadoras de su padre, las autoridades colonialistas españolas -muy crueles, según los historiadores- fueron capaces de acceder a la liberación del joven patriota criollo.

"Patria es humanidad", repitió el máximo jerarca cubano, Fidel Castro, en una de sus recientes e incontables comparecencias televisivas. También el mandatario cubano sufrió prisión -aunque en muy diferentes condiciones carcelarias y ambientales- luego del asalto armado al Cuartel Moncada un 26 de julio. Pero, a pesar de la acción violenta que liderara, ni él, ni el grupo de asaltantes sobrevivientes, cumplieron los años de prisión a los que fueron condenados: Fulgencio Batista, calificado por Castro en su alegato de defensa como "monstrum horrendum", concedió una amnistía política.

Aunque omito sucesos porque sólo atizarían enfrentamientos y menoscabarían soluciones, el grueso de los expedicionarios cubanos de la Brigada 2506 -calificados como "mercenarios" por el gobierno de la Isla-, que sobrevivieron tras el desembarco por Playa Girón, en abril de 1961, fueron intercambiados por alimentos y medicinas -a pesar de la acción armada por ellos acometida- en lugar de llevarlos al paredón de fusilamiento, tan a mano por aquellos tiempos.

Así las cosas, o así la historia, inquieta y asombra la intransigente falta de clemencia de los tiempos que corren en la Cuba de hoy con los presos políticos ajenos a toda acción violenta.

También no es menos preocupante y sorprendente que ningún gobierno extranjero u organismo internacional tome la iniciativa e interceda por una amnistía -con o sin destierro- para los actuales presos de conciencia, y que, a la vez, el gobierno cubano declare, por medio de sus representantes oficiales, que ni siquiera ha pensado en ningún tipo de negociación.

Sí, "Patria es humanidad", pero sólo cuando no se manifiesta a medias o hasta cierto punto, cuando no discrimina, ni excluye, cuando carece de ambigüedad, cuando es integral y comienza los lugares más abandonados de casa.



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