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“Sin pan y sin palabras: sin libertad”

La siguiente carta abierta fue enviada por el periodista marroquí Alí Lmrabet a Raúl Rivero, poeta y periodista encarcelado a 20 años de cárcel. Lmrabet y Rivero comparten, entre otras cosas, el infortunio de la cárcel. Lmrabet cumple una condena de 3 años de prisión por "ultraje a la persona del rey, al régimen monárquico y a la integridad territorial" y mantuvo una huelga de
hambre durante 50 días como protesta. Es el director del primer semanario satírico francófono de Marruecos, Demain Magazine, clausurado por el gobierno marroquí. Las páginas del semanario publicaban viñetas y caricaturas de personajes públicos. En la cárcel Lmrabet leyó un ejemplar de Sin pan y sin palabras, libro de Rivero que guarda como uno de sus más importantes tesoros.

Querido Raúl:

Querido Raúl Rivero, cuando ingresé en la cárcel de Salé, en las cercanías de Rabat, alguien me hizo llegar tu último libro: “Sin pan y sin palabras", que me leí en un día, y que después guardé celosamente entre mis pocas pertenencias de recluso. Cuando fui trasladado al hospital, una semana después, fue la única cosa que me llevé conmigo.

Te preguntarás seguramente porque un súbdito de un reino escribe a un ciudadano de una "revolución" de un país que está a miles de kilómetros de donde vivo yo. Simplemente porque somos dos periodistas, dos pobres informadores encarcelados injustamente por sus regímenes respectivos. Pero hay otras cosas. He leído en alguna parte que habías, como yo, perdido bastante peso. Que la gente de tu dictador, como la mía, te había negado tu condición de periodista. Y en fin, que alguien dijo, como para mí, que te lo "habías buscado".

Ves, estimado compañero de infortunio, que aunque hay una diferencia de edad, nos parecemos bastante. Pero yo te gano en dos o tres cosas. A mí, la salud se me quiebra poco a poco, "como un filtro divino que se escapa" como lo escribió un amigo periodista, y que un ministro, ex-comunista, dijo públicamente que tenía sobre mí un "dossier médico psiquiátrico".

Y lo más importante, y ahí ganas tú Raúl, el presidente del gobierno español, Don José María Aznar, no se atreve a tratar la gente que me envió a la cárcel de la misma manera que la tuya. Ya sabes, la Realpolitik que huye de los principios, los derechos humanos y la libertad de expresión. En tu desgracia, has podido, gracias a Aznar, meterme un gol.

Te escribo Raúl, para otras cosas también. Para contarte que como tantos jóvenes inocentes y exaltados de los años ochenta, fui un admirador de tu "revolución" cubana. Me acuerdo bien. Era un joven estudiante de la Sorbona de París, y seguía algunos cursos en el Instituto de Estudios Latinoamericanos en Saint-Guillaume. Un día un profesor, que no me acuerdo si era colombiano o chileno, en esa época no diferenciaba mucho los acentos del continente, nos proyectó unas imágenes que recogían a Fidel Castro declamando solemnemente ante miles de tus paisanos algo así como "Vamos a izar la bandera que proclama ante el mundo que Cuba es territorio libre de analfabetismo...". Pues imagínate, lo que significaba para nosotros, habitantes involuntarios de un país del Tercer Mundo ver como otra nación pobre se había quitado la lacra del analfabetismo por voluntad política. Después nos maravillamos cuando supimos lo de los logros en sanidad y educación que beneficiaban a todos los cubanos. Sí Raúl, tu "revolución", la de tu pueblo, tenía adeptos en un país lejano como el mío.
Pero el más grande amor, siempre llega a su fin. Y el mío por tu "revolución" se acabó cuando supe lo que había en el "jardín secreto". Como decía Hassan II, de Fidel. La inagotable emigración hacia Miami, la persecución de los que llaman los disidentes, la falta de libertad de expresión, o de libertad simplemente...

Y entonces me olvidé de tu país, de su ejemplo, para contemplar el mío. Contrariamente al tuyo, "mi reino" es un fiel aliado de Occidente. Un amigo fidedigno de Estados Unidos. El brazo secular de la Iglesia yankee que permite a los estadounidenses, desde el 11 de septiembre, maltratar (es un eufemismo) algunos desgraciados de "tú" Guantánamo.

Mi país, pues, se convirtió en ayudante de campo de algunos occidentales que le permiten hoy violar nuestras libertades, maltratarnos y, porque no, rebajar a lo más mínimo, nuestra dignidad todos los días. Es por eso que tengo miedo que la tierra donde vivo y donde nacieron y murieron mis antepasados, se convierta en un clono parecido a esas tantas dictaduras, repúblicas bananeras latinoamericanas, que han hecho tanto daño a tu continente.

Te lo dije, compañero de la pluma, no hay muchas diferencias entre tu "paraíso marxista" y mi "reino feliz". Tú y yo, bajo el sol cálido de tu Camagüey natal, o bajo el sol de nuestros minaretes, no tenemos derecho. No podemos escribir libremente, no podemos mofarnos de nuestros poderosos ni reírnos de ellos cuando se nos antoje. Porque nuestros regímenes no tienen proyecto político para el futuro, no lo quieren. Lo que les interesa es el tiempo que se quedaran mandándonos.

Bueno, te darás cuenta que falta algo y que mi reflexión es incompleta. Espero que sabrás ser generoso y que comprenderás mi actual situación de preso penitenciario-hospitalario (¡es la palabra oficial!).

Estimado Raúl, los regímenes que oprimen caen bajo su propio peso. Es lo más importante que quería decirte.

Ali Lmrabet

 


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