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9 de junio del 2003

Un solo discurso

Acallar las voces alternativas fue la misión fundamental del gobierno con la oleada represiva del marzo negro.

El golpe ha sido duro. No solo han puesto tras rejas con sanciones que van desde los seis hasta los 28 años a 75 opositores - entre ellos a 28 periodistas libres. Castro quiere más. Exterminar a los líderes disidentes que aún respiran aire puro y silenciar con amenazas de prisión a los periodistas independientes que siguen escribiendo.

El plan debe ser perfecto. Cuba para los cubanos que apoyan incondicionalmente la revolución. Y los medios para defender los puntos de vista oficiales. No hay más espacio. Un solo discurso.

Desde que la revolución llegó al poder en 1959 se han ido prohibiendo y clausurando periódicos, revistas y espacios radiales y televisivos donde se vertían opiniones. En 44 años, críticos y desafectos, fueran de derecha, centroizquierda o comunistas, como Aníbal Escalante, pasaron al ostracismo, fueron encarcelados, se marcharon del país y algunos se auto eliminaron (suicidándose inclusive).

El régimen no quiere sombras. Ni competidores políticos. Es más fácil gobernar cuando usted controla toda la información y la pone a su servicio. Y eso precisamente es lo que hace el gobierno cubano.

Para los gobernantes de La Habana el concepto de democracia es muy sui generis. Es sinónimo de educación y salud gratuitas y también de unas elecciones que por fin no tienen que cambiar el estado de cosas. Derechos individuales como libertad de reunión, expresión o de viajar no existen en la Cuba del Siglo 21. Tampoco es permitido navegar libremente por Internet, tener en la azotea de la casa una antena satelital o comunicarse con cualquier parte del mundo a través de un teléfono celular.

Todo lo que procede del capitalismo brutal es malo. Hay que eliminarlo. Lo políticamente correcto proviene de la época revolucionaria. De allí es lo bueno, lo diano, lo justo. En ella se encontrarán los proféticos discursos. Y los dirigentes deben ser vistos como mesías. Seres que nunca se equivocan.

Pero ocurre que pasada la euforia del triunfo de los barbudos, hubo cubanos que comenzaron a disentir. Ya a finales de la década del 70 surgieron los primeros movimientos opositores, casi todos defensores de los derechos humanos. En los 90 se gestó el periodismo independiente, que en Raúl Rivero tuvo su bandera más alta. Poeta y periodista de innegable talento, en 1995 Rivero fundó la agencia Cuba Press y desde entonces se hace un periodismo profesional y objetivo.

Favorables, título de la colaboración que cada semana Raúl escribía para el diario digital Encuentro en la Red, rescató la labor del columnista, casi extinguida en la isla. Esa sección emula con las escritas en otras épocas por Marquez Sterling, Rafael Coate, Luís Gómez Wangümert y Jorge Mañach, entre otras estrellas del periodismo cubano.

Después de la razia última, la palabra y la voz de Raúl fueron acalladas. Los lectores se perdieron sus sabrosas y originales crónicas. El periodismo alternativo quedó enlutado.

La crema y nata de la oposición y la prensa no oficial fue encarcelada. Pero por más que amenacen y repriman no podrán impedir el surgimiento de otros Raúl, Martha Beatriz Roque o el doctor Oscar Elías Biscet.

La razón es una y sencilla: Cuba esta urgida de cambios y de una verdadera democracia. Por esa patria que todavía es un sueño, 74 hombres y una mujer permanecen en celdas aisladas. Su delito: hacer otro discurso.


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