6 de junio del
2003
Lobos callejeros
Atracadores, carteristas,
estafadores y ladrones de poca monta han hecho de las calles
de La Habana su principal medio de vida.
¿Montan o esperan
otro carro?, dice el chofer a tres mujeres, blancas, jóvenes
y hermosas que vacilan en coger o no el viejo Ford en la
plazoleta aledaña al parque de la Fraternidad, a
pocos metros del Capitolio Nacional, en el corazón
de La Habana.
Muy cerca de las mujeres
aguardo, con dos bolsas de nylon. En una de ellas he echado
la billetera de piel negra, regalo de unos amigos austriacos
y que uso desde hace diez años. Dentro hay 65 pesos,
además de algunas fotos familiares, un pequeño
almanaque, una tarjeta para llamadas telefónicas
locales y mi carnet de identidad.
No me percato que a través
del bolso de nylon se divisa la billetera de buena calidad.
A una de las tres mujeres correspondió picar el frágil
nylon donde se supone está el guaniquiqui (dinero),
cogerla y dársela a la otra, quien velozmente se
la pasa a la tercera. El típico modus operandi
de los carteristas, fauna de ladronzuelos que operan en
las paradas de los ómnibus desde tiempos inmemoriales
y para quienes no importa quién sea la víctima:
un sudoroso trabajador, una distraída abuela o un
turista extraviado.
Cuando monté en el
viejo Ford fue que me percaté del robo. El chofer
se bajó enseguida, pero las damiselas se habían
esfumado. Puede que alguien de las muchas personas a esa
hora en el lugar hubiera visto el hecho, más en los
tiempos difíciles y complicados que vivimos casi
nadie da la voz de alarma. A no ser, claro, que sea el desvalijado.
Amén de la billetera,
preciado recuerdo, y de las fotos. El daño real es
verme obligada a hacer un nuevo carnet de identidad, con
la pérdida de tiempo y dinero que ello representa.
Estas carteristas se cogieron
“el dedo con la puerta”, si creyeron que con
mi billetera iban ”a hacer el pan”. Suerte tuvieron
las que cartearon a Estela, 66, ama de casa que todos los
meses recibe dólares de un hijo en Miami. De una
carterista o riñonera colgada al cuello que se le
quedó abierta le llevaron 100 dólares estadounidenses.
“Fue dentro de la shopping, dos negras que todo el
tiempo me estaban detrás de mi”, contaría
después.
Una tabla (billete de 100
dólares) le robaron también a María
Elena 42, peluquera. “Fui al mercado de Cuatro Caminos
y cuando saqué para pagar, saque el billete de 100
y me lo metí en el bolsillo de atrás del jean.
Después me entretuve mirando las frutas. Lo único
que recuerdo es que dos muchachas tropezaron conmigo y a
una se le cayó algo y yo me viré. Cuando llegué
a la casa los 100 dólares habían desaparecido”.
A Beatriz, 51, enfermera,
en una cafetería le sustrajeron un estuche de maquillaje
Revlon. “Estaba nueva sin usar. Me senté a
merendar y puse mi cartera en una silla vacía al
lado. La abrí para pagar y parece que olvidé
cerrarla. La cuestión es que cuando salí me
di cuenta de que me la habían llevado. La única
persona que estuvo por allí fue una viejita, pidiendo
chavitos (monedas) y recogiendo vasos y cubiertos desechables
para revenderlos posteriormente”.
Manuel Antonio, 72, jubilado,
estuvo a punto del infarto después de que en la afueras
de una Cadeca (caja de cambio) le estafaron 50 dólares.
“Estaba apurado y la Cadeca estaba cerrada porque
no había luz. Entonces una señora, de buen
aspecto, me llamó: Abuelo, venga, que yo se lo cambio.
¿Cuántos dólares usted va a vender?
Cincuenta, le dije. Sacó una pequeña calculadora
y multiplicó 50 por 26. Son mil 300 pesos. ¿Los
quiere todos en 100?. Sí, sí, démelos
de a 100. Los quiero para pagar una deuda. Y me dio trece
billetes nuevecitos de a 100 pesos. Cuéntelos, me
dijo. Y los conté. Pero cuando fui a pagar los mil
pesos que debía fue cuando supe que eran falsos.
Para los residentes de intersecciones
céntricas de la capital se ha hecho habitual encontrar
documentos sacados de monederos y billeteras y apresuradamente
virados en la calle. O escuchar gritos de ¡Ataja!
o ¡Cógelo! porque a alguien le han arrancado
una cadena de oro. En esos casos los ladrones acostumbran
ir en bicicleta.
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