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20 de mayo del 2003

Castigo familiar

Son los otros reos. A partir del momento en que sus seres queridos comienzan a purgar las extensas condenas dictadas por el gobierno de Castro, se inicia el calvario para los familiares. Trasladarse a mil kilómetros desde sus hogares y hacerle llegar el necesario avituallamiento es una odisea en la Cuba actual.

Lo dice sin asomo de melodrama. Con la voz serena y los ojos aguados. Pero Miriam Leyva, 55, esposa de Oscar Espinosa Chepe, 63, periodista y economista, piensa que su marido bien pudiera ser el primer mártir disidente del siglo 21 en Cuba.

“Lo han enviado a Guantánamo, provincia a más de mil kilómetros de La Habana, ciudad donde residimos. Chepe, además, se encuentra muy delicado de salud. La cirrosis hepática intenta llevárselo y el tratamiento médico no ha sido el adecuado”, dice Miriam en tono calmado.

Espinosa Chepe puede morir en la cárcel. Cuando el gobierno cubano desató el 18 de marzo la razia contra 78 opositores y periodistas libres, y en juicios sumarios los acusó de colaborar y dar información a Estados Unidos, no tuvo en cuenta la edad ni la salud de muchos de ellos.

Acusaciones apartes, estos hombres y la única mujer, Martha Beatriz Roque Cabello, se oponían a Fidel Castro con la palabra y la voz. Se puede estar de un bando o de otro. Pero para nada favorece al régimen encarcelar opositores pacíficos.

Mil razones ha dado el gobierno cubano, todas sin mucho peso. La realidad es que la mayoría son personas mayores de 50 años, no poseen antecedentes penales y muchos de ellos años atrás eran simpatizantes activos de la revolución. Por voluntad propia se volvieron opositores y decidieron criticar el estado de cosas existente hoy en la Isla.

Ahora, tras las rejas en las duras condiciones de las cárceles cubanas, la vida de algunos peligra. Martha Beatriz, 57, economista independiente, está encerrada en una celda precaria junto a mujeres acusadas de tráfico de drogas. La comida es mala y las ratas se pasean impunemente. Su salud también es inquietante.

La cuota de castigo abarca a los familiares. Blanca Reyes, 51, esposa del poeta y periodista Raúl Rivero, 57, tuvo que recorrer más de 500 kilómetros para entregarle la “jaba” con el aseo, medicinas y algo de comida. Debido a la gran campaña internacional, Raúl es mantenido en condiciones menos precarias que el resto. Está recibiendo una alimentación aceptable y le van a permitir llamar por teléfono. Le dejaron pasar libros, papel y bolígrafos.
Quizás Rivero pueda escribir en cautiverio la obra de su vida. Sin embargo, las últimas noticias recibidas del poeta, le auguran el comienzo de “un régimen carcelario de mayor rigor”.

Pero otros están en condiciones deplorables y le limitan las pertenencias a lo imprescindible. A los residentes en La Habana, salvo contadas excepciones, los han trasladado hacia el centro y oriente de la Isla. A los nativos de aquellas regiones los han remitido al occidente. Ya se sabe: viajar dentro de Cuba puede resultar un lujo. Un pasaje a Cienfuegos, a 300 kilómetros de la capital, en un ómnibus de Viazul con aire acondicionado y otras comodidades, cuesta 500 pesos (20 dólares), el salario de dos meses y medio de cualquier trabajador.

Por la línea de transporte interprovincial Astro el mismo viaje cuesta 14 pesos (menos de un dólar), pero debe reservarse con 15 días de antelación. Y, por supuesto, no se viaja con el mismo confort. En tren o avión tampoco es fácil conseguir boleto y en ocasiones, ante la imperiosa necesidad de estar en una fecha para la visita, los familiares se ven obligados a recurrir a la compra de pasajes por debajo del tapete, teniendo que pagar entre 3 y 5 dólares por una reservación. Algo común en un sector donde la corrupción está a la orden del día.

Pero el gasto mayor está en la preparación de la famosa “jaba”. Debido al déficit de comida, medicinas y artículos de aseo en las prisiones cubanas y teniendo en cuenta que las visitas son cada 30 ó 45 días, las familias llevan pequeñas tiendas ambulantes. ¿Su valor? Cerca de 100 dólares ó 2.500 pesos: no menos de 50 dólares o mil pesos.

De ahí que la ayuda de familiares en el exterior y donativos sean imprescindibles, pues con las magras entradas de los parientes de los reos que trabajan es imposible poder darles manutención.

Queda la parte humana. Personas mayores y en ocasiones enfermas que tienen que viajar cientos de kilómetros de noche para estar a tiempo a la hora de la visita, dormir donde puedan, comer algo -si lo encuentran- y cuando llegan a la prisión ver el deterioro del padre, hermano, hijo o tía.

Y emprender el regreso, sabiendo que la próxima vez puedes encontrarlo inerte, es lo que piensa y lo dice la esposa del economista Oscar Espinosa Chepe, quien teme que su marido pueda convertirse en el primer mártir opositor del siglo 21 en Cuba.


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