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16 de mayo del
2003
No es tiempo de rosas
Sus declaraciones son nítidas y
tajantes, como el carácter catalán mismo:
desaprueba la pena de muerte y el encarcelamiento de quienes
piensen distinto al poder gubernamental, “en cualquier
parte, en cualquier lugar”, bien podrían añadírsele
a sus palabras esas estrofas de una de sus más viejas
composiciones, siempre nuevas cada vez que se escuchan.
Los pronunciamientos me llegaron en su propia voz, a través
de la onda corta radial: por otro medio resultaría
imposible, pues aquí, en Cuba, no se publican semejantes
noticias, al menos, no tal como son.
Confieso que no me extraña lo declarado por el cantautor
catalán Joan Manuel Serrat. Antes bien, suponía
que así fueran sus pensamientos.
Pude conocerlo personalmente durante sus giras artísticas
en Cuba y entrevistarlo varias veces, cuando yo trabajaba
como reportera del Noticiero de la Televisión Cubana.
En aquellos encuentros, ya tan lejanos en el tiempo, adiviné
en él los rasgos de un hombre auténtico, con
armonía entre lo que canta y lo que piensa. No siempre
se comportan así los artistas famosos, ni siquiera
la gente anónima, como sucede en mi país,
donde prevalece la incongruencia entre lo que se piensa
y se expresa, entre lo que se quiere y lo que se hace.
Quizás, desde entonces, durante aquellas entrevistas,
él también descubrió en mí cuán
fanática era -lo soy- de su exquisita obra artística,
porque me resultaba difícil ocultarlo, aun valiéndome
de las artimañas propias del oficio periodístico.
De todas formas, yo tampoco me esforzaba por esconder mi
admiración, pues no constituía, a mi modo
de pensar, una insuficiencia profesional. Creo que, en todo
caso, me fue muy útil para que accediera ante mis
solicitudes de entrevistas, cada vez que visitaba Cuba.
Aunque mis relatos integran “esas pequeñas
cosas que nos dejó un tiempo de rosas” y que
“nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve”,
como dice una de sus más bellas canciones, los saco
a flote por convenientes.
Joan Manuel Serrat no sólo posee inmensa popularidad
en la Isla, goza de gran prestigio y del cariño de
los cubanos; razones suficientes para considerar la tremenda
repercusión de los criterios emitidos por el cantautor
catalán.
Guardo de Serrat la impresión de un excelente interlocutor,
pero nada fácil de conducir. Posee una personalidad
sólida, fuerte, que me sorprendía en ocasiones
con algún aspecto de sus respuestas. Nadie podría
compulsarlo a expresar lo que no quiere o no piensa. Responde
lo que quiere y como quiere. No obedece a manipulaciones.
De ahí el gran valor de su opinión.
También conservo en el recuerdo la primera entrevista
que le hice y en un videocasette, la última. Aunque
saturada, por un error técnico del camarógrafo,
la grabación recoge una imagen final del abrazo que
Serrat me diera, como despedida, en el Aeropuerto Internacional
José Martí, de La Habana. No imaginaba que,
muy probablemente, sería el último, también.
Cuando regresó a Cuba, después de muchos años,
era ya una periodista “maverick”. Retorné,
obligada por las circunstancias, al disfrute inicial y limitado
de sus actuaciones por medio de la televisión. Me
inhibí de ir a su encuentro para entrevistarlo, pues,
como siempre me decía el poeta y periodista Raúl
Rivero –condenado a 20 años de prisión
por escribir y actuar según piensa-, aquí
uno evita hasta a las personas que aprecia, por temor y
por amor. Por temor a perjudicarlas; por amor, para cuidarlas.
Prevaleció en mi más lo humano que lo profesional.
El grupo de librepensadores que “sangra, lucha, pervive,
para la libertad”, encarcelado por estos días
en Cuba y condenado a penas similares a la cadena perpetua,
sabrá en algún momento, del gesto humano de
Serrat, porque de eso se trata de lo humano y lo derecho,
ajeno a la política, aunque en Cuba todo está
“defecado” por la insoportable política
y la desgraciada ideología.
Por lo pronto, mantengo la esperanza de devolverle a Serrat
el abrazo, con suma gratitud, y me remito de nuevo a otros
versos de Antonio Machado, que el cantautor catalán
musicalizara y difundiera entre nosotros con aplastante
éxito, “Mi corazón espera, también
hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”,
en mi país.
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