En vista de lo que ocurrió con los
75 opositores que cumplen actualmente largas condenas, por
el delito de “traición a la patria”,
y por las amenazas que continúan efectuándose
con los que aparentemente están libres en las calles
a los cuales les han puesto a merced de las famosas actas
de advertencia, parece que la otra opinión, si no
fenece por completo, tendrá durante un buen tiempo,
el bozal puesto.
La presión es constante. Oleada de
citaciones, requisas a los que mantienen en sus hogares
bibliotecas independientes, y advertencias a los pocos que
todavía hacen escucharse en emisoras fuera de la
isla.
Colofón: Las autoridades cubanas
no quieren, no desean que lo que sucede en esta sociedad,
bajo la égida revolucionaria se conozca, porque según
los portavoces “le están haciendo el juego
al imperialismo norteamericano”.
La dialéctica, confrontación
tan necesaria para que el desarrollo se establezca en Cuba,
es prohibida, a pesar de que esa misma dialéctica
es uno de los principales sobre el que el gobierno cubano
hace gala de aplicarlo.
Dialéctica es lo mismo que crítica.
Solo que en Cuba es tabú. Nadie puede ejercerla,
porque lo único permitido es aceptarlo todo, aplaudirlo
todo y “auto convencerse que vive en la mejor de las
sociedades”. Y ni el más mínimo resquicio
de optar por una simple variante, cae, inevitablemente en
lo que hemos oído desde 1959, como si fuera un disco
rayado de seculares premisas.
Decimos o anotamos esto, porque entre los
condenados que mencionados al principio del comentario,
muchos tienen títulos universitarios y otros, llegaron
a 12 grado. Es decir, el pensamiento o las formas de pensar,
ha pasado por lo filtros del aprendizaje y de lecturas imprescindibles.
No son unos improvisados y piensan. Y al pensar, dudan,
y al dudar, avanzan.
Sin embargo, todo este ejercicio fraguado por la oposición
(con diversas tendencias), la hicieron despeñarse
por el abismo de la represión, cuyo fondo todavía
lo desconocemos.
El nuevo pensamiento cubano alternativo
lo enclaustraron, lo callaron. Vamos a ver hasta cuándo.
De todos modos, aunque el régimen
cubano sea perpetuo (¿?), ya tuvo que reconocer públicamente
que, a pesar del eslogan de “todo por y para el pueblo”,
dentro de este mismo pueblo yace la semilla de un cambio
social.