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11 de junio del 2003

¿Quién acusa a quién?

Si la ONU sanciona a Reporteros sin Fronteras (RSF), según la solicitud del gobierno cubano, a nadie extrañaría. Ya dio muestra de sus contradicciones durante la pasada sesión de Ginebra.

Por un lado, se limitó a designar un observador especial de los Derechos Humanos en Cuba -donde no le dan entrada-, a pesar de las evidentes faltas del régimen de la Isla, acrecentadas con escandalosas condenas y fusilamientos, durante los mismos días de las sesiones ginebrinas.

Por otro lado, eligió a la representación oficial cubana como miembro del Comité Permanente para los Derechos Humanos de la ONU. Ambos acuerdos equivalen, primero, a lanzar una desganada sonrisa al pueblo cubano, y después, a darle las espaldas.

La historia que originó la acusación del gobierno cubano contra RSF es más larga, pero en esencia, RSF, junto a cubanos exiliados y extranjeros demócratas y progresistas, intentaron entregar un mensaje de protesta en una oficina de turismo y en la propia Embajada de Cuba en Francia, ante la andanada represiva del régimen cubano contra periodistas independientes en la Isla.

No los escucharon. Fueron rechazados con violencia por los funcionarios diplomáticos del gobierno cubano. Pero la mayor expresión de agresividad e intolerancia de los representantes gubernamentales cubanos tuvo lugar cuando propinaron una golpiza a quienes manifestaban su desoída protesta, encadenados a las rejas de la sede diplomática cubana en París.

De no ser porque los manifestantes lograron desencadenarse con sus llaves en medio de los golpes que recibían, quién sabe cuál hubiese sido el desenlace de los sucesos.

De todas formas, el hecho constituye una demostración magistral al mundo del funcionamiento fascistoide de las Brigadas de "Respuesta Rápida" y de los mítines de repudio que se realizan en la Isla contra quienes disienten. Y, además, indica que a las autoridades del régimen de Cuba no les resulta suficiente el territorio cubano para descargar, contra quienes discrepen, todo el odio y la ira que almacenan.

Como se sabe, en Cuba sólo se efectúan acatos y desfiles masivos oficiales, controlados y dirigidos por el gobierno.

Según los acontecimientos objetivos, RSF y las demás personas apolismadas son quienes debían demandar ante la ONU a los representantes del gobierno cubano en Francia, por la agresión física.

En Cuba, poco o nada podemos hacer por nosotros mismos, debido a la ausencia de un estado de derecho a causa del sistema totalitario imperante aquí. Esa indefensión en que nos encontramos nos obliga a recurrir a la ayuda internacional, aún cuando preferiríamos solucionar nuestros problemas en el marco interno del país, como hemos intentado infructuosamente con el Proyecto Varela -por ejemplo-, aunque perseveramos.

Amnistía Internacional, la Sociedad Interamericana de Prensa, Freedom House, el Comité de Protección para Periodistas, la Organización de Periodistas Iberoamericanos y Reporteros sin Fronteras, han colaborado hasta ahora, al menos, a que no nos suceda lo peor dentro de lo pésimo y a que se nos escuche en las sociedades democráticas del exterior con el respeto que merece todo ser humano, cualquiera sea su forma de pensar.

Suprimir la gestión de alguna de estas organizaciones internacionales -como se pretende en el caso de RSF- equivale para nosotros, los indefensos de esta tierra, a quitarnos las llaves, dejarnos encadenados y recibir una fuerte golpiza.

Bien lo sabe el mundo y la ONU.


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