Por un lado, se limitó a designar un observador
especial de los Derechos Humanos en Cuba -donde no le dan
entrada-, a pesar de las evidentes faltas del régimen
de la Isla, acrecentadas con escandalosas condenas y fusilamientos,
durante los mismos días de las sesiones ginebrinas.
Por otro lado, eligió a la representación
oficial cubana como miembro del Comité Permanente
para los Derechos Humanos de la ONU. Ambos acuerdos equivalen,
primero, a lanzar una desganada sonrisa al pueblo cubano,
y después, a darle las espaldas.
La historia que originó la acusación del
gobierno cubano contra RSF es más larga, pero en
esencia, RSF, junto a cubanos exiliados y extranjeros demócratas
y progresistas, intentaron entregar un mensaje de protesta
en una oficina de turismo y en la propia Embajada de Cuba
en Francia, ante la andanada represiva del régimen
cubano contra periodistas independientes en la Isla.
No los escucharon. Fueron rechazados con violencia por
los funcionarios diplomáticos del gobierno cubano.
Pero la mayor expresión de agresividad e intolerancia
de los representantes gubernamentales cubanos tuvo lugar
cuando propinaron una golpiza a quienes manifestaban su
desoída protesta, encadenados a las rejas de la sede
diplomática cubana en París.
De no ser porque los manifestantes lograron desencadenarse
con sus llaves en medio de los golpes que recibían,
quién sabe cuál hubiese sido el desenlace
de los sucesos.
De todas formas, el hecho constituye una demostración
magistral al mundo del funcionamiento fascistoide de las
Brigadas de "Respuesta Rápida" y de los
mítines de repudio que se realizan en la Isla contra
quienes disienten. Y, además, indica que a las autoridades
del régimen de Cuba no les resulta suficiente el
territorio cubano para descargar, contra quienes discrepen,
todo el odio y la ira que almacenan.
Como se sabe, en Cuba sólo se efectúan acatos
y desfiles masivos oficiales, controlados y dirigidos por
el gobierno.
Según los acontecimientos objetivos, RSF y las demás
personas apolismadas son quienes debían demandar
ante la ONU a los representantes del gobierno cubano en
Francia, por la agresión física.
En Cuba, poco o nada podemos hacer por nosotros mismos,
debido a la ausencia de un estado de derecho a causa del
sistema totalitario imperante aquí. Esa indefensión
en que nos encontramos nos obliga a recurrir a la ayuda
internacional, aún cuando preferiríamos solucionar
nuestros problemas en el marco interno del país,
como hemos intentado infructuosamente con el Proyecto Varela
-por ejemplo-, aunque perseveramos.
Amnistía Internacional, la Sociedad Interamericana
de Prensa, Freedom House, el Comité de Protección
para Periodistas, la Organización de Periodistas
Iberoamericanos y Reporteros sin Fronteras, han colaborado
hasta ahora, al menos, a que no nos suceda lo peor dentro
de lo pésimo y a que se nos escuche en las sociedades
democráticas del exterior con el respeto que merece
todo ser humano, cualquiera sea su forma de pensar.