9 de febrero del 2005
Lucerna: Clichés al uso
Una isla irreal, donde negros y mulatos viven felices
y bailando salsa: Los tópicos que vende la Embajada
de Cuba en Suiza.
Por Tania Quintero
No había transcurrido
demasiado tiempo de su llegada al poder en enero de 1959,
cuando Fidel Castro la emprendió contra los turistas
procedentes de Estados Unidos. A los norteamericanos se
les acusó de distorsionar la imagen de Cuba, con
el argumento de que la presentaban como un paraíso
de rumberas y prostitutas al alcance de la mano.
Cuarenta y seis años
después, el rostro de aquel turismo de sexo y maracas
es retomado por los propagandistas del régimen,
que utilizan estos mismos estereotipos con la intención
de promover un turismo lejano e ingenuo.
Europeos despistados que
se creen lo que pregonan los folletos turísticos
y allá se van, a la isla del doctor Castro, a aliviar
el stress viendo menear los fondillos de las cubanas,
haciendo el amor por unos pocos "chavitos",
soltando el pellejo bajo el sol y moviéndose al
compás de la timba y el reggaeton.
Del 21 de enero al 20 de
marzo de 2005, la Embajada de Cuba en Suiza auspicia en
la ciudad suiza de Berna exposiciones fotográficas
y conferencias sobre las religiones afrocubanas y la historia
de la salsa. En la muestra de cine cubano figuran las
cintas La muerte de un burócrata, Hello Hemingway,
Soy Cuba, Guantanamera, Lista de espera, Suite Habana
y Cuba feliz, esta última de 96 minutos de duración
y realizada en 2000 por Karim Dridi.
Pero lo que atrae más
público son las "noches cubanas" a ritmo
de salsa, rueda de casino, son y rumba, a cargo de músicos
y grupos nada conocidos fuera de la Isla. Junto al "despelote"
no pueden faltar mojitos y cubalibres, pues la firma Havana
Club copatrocina la jornada.
En blanco y negro
Desde hace unos años,
el gobierno cubano se ha percatado de que "lo negro"
vende. Y a su antojo manipula el folclor, la religión
y la cultura afrocubanos para atraer turistas hacia un
país donde supuestamente los negros y mestizos
no sólo son protagonistas, sino que dedican gran
parte de su tiempo a cantar, bailar y venerar a sus orishas.
La culpa no es sólo
del régimen y sus voceros: casi todos los documentales
y reportajes realizados en Europa utilizan como cliché
a la aún discriminada y marginada población
negra cubana. A veces de manera excesiva, lo que da la
impresión de que en la Isla los únicos blancos
son los gobernantes.
Si bien es cierto que es
bastante alto el porcentaje de negros involucrados en
la música popular cubana y en el credo yoruba,
esa realidad ha ido variando en la misma medida que la
represión ha aumentado. Después de 46 años
de una revolución que prometió villas y
castillas a los negros cubanos, estos aún son considerados
ciudadanos de segunda y tercera categorías.
Los prejuicios raciales se
mantienen, pero un ejemplo del protagonismo que por su
cuenta y riesgo ha ido asumiendo una parte de la población
negra cubana, es el incremento de su participación
en las filas de la disidencia y el periodismo independiente.
La lista es larga: Jorge
Luis García Pérez (Antúnez), Oscar
Elías Biscet, Arnaldo Ramos, Ángel Moya,
Omar Pernet, Iván Hernández Carrillo, Miguel
Valdés Tamayo, Berta Antúnez, Alejandro
García, María Elena Alpízar, Jorge
Olivera, Osvaldo Alfonso y Félix Bonne Carcassés,
entre otros.
No me opongo a que los suizos
y otros europeos viajen a la Isla a disfrutar de las cálidas
playas y los contagiosos ritmos. Si quieren hacerse santo,
que se lo hagan, y si desean probar el sexo con un nacional,
que lo prueben. Pero que sepan que Cuba tiene otras almas.
Y no precisamente festivas: desde la escasez de alimentos,
transporte, viviendas y medicamentos, hasta la ausencia
total de libertades.