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Informe
ante la Reunión de Medio Año
Quito, Ecuador
17 al 20 de marzo del 2006
CUBA
El
panorama del periodismo cubano resulta cada vez más
devastador y preocupante. Al control absoluto del
Estado sobre los medios de comunicación por
46 años se añaden cotidianamente los
trazos de una cruenta represión contra las
expresiones independientes, el hostigamiento y la
desatención médica de los periodistas
presos, y una férrea vigilancia gubernamental
para impedir el acceso de la ciudadanía a fuentes
alternativas de información.
Cuando
en marzo del 2003 el gobierno desató una violenta
ola represiva, con amplio despliegue policial, juicios
sumarios y una treintena de periodistas sentenciados
a largas condenas de cárcel, parecía
imposible vislumbrar una situación peor. Pero
exactamente tres años después, agotadas
las máximas gestiones humanitarias y las apelaciones
de la comunidad internacional, el caso cubano evidencia
el recrudecimiento de las acciones represivas.
La
cifra de periodistas encarcelados, que se eleva a
25 (más una reclusión domiciliaria),
aparece matizada en este período por la decisión
de las autoridades de llevar a prisión a una
reportera, la prolongada detención de otro
periodista sin formulársele cargos delictivos,
y sendas huelgas de hambre en protesta por violación
de derechos ciudadanos, así como por una abultada
lista de transgresiones legales, amenazas policiales,
expulsiones de profesionales extranjeros del país
y crecientes operaciones de censura informativa en
la escena pública.
El
1 de diciembre el abogado y periodista Mario Enrique
Mayo, condenado a 20 años, fue liberado con
una licencia extrapenal, convirtiéndose en
el séptimo periodista del llamado Grupo de
los 75 que abandona la cárcel por motivos de
salud. Mayo, de 41 años, sobresalió
entre los prisioneros de conciencia más activos,
denunciando maltratos físicos y falta de atención
médica en los centros penitenciarios. Su caso
cobró resonancia internacional el pasado octubre
cuando decidió cortarse el rostro, el abdomen
y las extremidades con una cuchilla rústica
para reclamar su liberación.
El
prisionero había hecho dos intentos de suicidio
en la prisión y estaba sometido a un tratamiento
con sicofármarcos antidepresivos, además
de presentar hipertensión y habérsele
operado de hemorroides tras su encarcelamiento en
marzo del 2003. Su salud se encuentra profundamente
afectada.
Es
importante aclarar que la licencia extrapenal por
motivos de salud es una cláusula amparada por
el Decreto-Ley 62, de 1987, que estipula el cumplimiento
de la condena en reclusión domiciliaria, pero
no contempla la supresión de la sanción
penal. En otras palabras, el beneficiado puede retornar
a cautiverio si las autoridades lo determinan.
Justamente
el gobierno ha apelado a la intimidación para
tratar de neutralizar la labor de los excarcelados
con licencia extrapenal. El 21 de febrero, el periodista
Jorge Olivera fue citado por un tribunal municipal,
donde un “juez de ejecución” le
hizo conocer del “sistema de control”
que se ejercería sobre su comportamiento, lo
que incluye restricciones para salir de La Habana,
la incorporación al trabajo en una entidad
estatal, la presentación ante las organizaciones
de masas del vecindario y “mantener una correcta
conducta social”. El incumplimiento de estas
medidas implicaría la revocación de
la licencia extrapenal y el retorno a un establecimiento
penitenciario. El 29 de febrero, el periodista y economista
Oscar Espinosa Chepe recibió una citación
similar.
Tanto
Olivera, condenado a 18 años de cárcel,
como Espinosa Chepe, condenado a 20, tienen visas
de refugiados para emigrar con sus familias a Estados
Unidos, pero el gobierno no les otorga el permiso
de salida. Otros dos periodistas excarcelados con
licencia extrapenal, Carmelo Díaz Fernández
y Edel José García, se encuentran también
con visados estadounidenses a la espera de la autorización
gubernamental para viajar. Ambos son personas enfermas
con diversos padecimientos y, tres de ellos con edades
que oscilan entre los 60 y los 68 años.
Algunos
periodistas que continúan encarcelados con
sanciones entre siete meses y 27 años, fueron
enviados a cárceles más cercanas a sus
hogares, aunque prevalecen maltratos a los reos y
a sus familiares que los visitan, alimentación
execrable, carencia de agua potable, hacinamiento
en las celdas y convivencia con reos comunes de alta
peligrosidad.
Dieciocho
de los encarcelados tienen serios trastornos de salud,
afectados por padecimientos crónicos y por
enfermedades adquiridas durante la reclusión.
El gobierno cubano se ha negado a concederles licencia
extrapenal.
Dos
de ellos se encuentran actualmente hospitalizados,
José Luis García Paneque y Albert Santiago
Du Bouchet, y Juan Carlos Herrera Acosta está
en huelga de hambre desde el 4 de marzo. Hay también
un minusválido, Miguel Galván Gutiérrez,
condenado a 26 años.
Los
casos más preocupantes son:
- José Luis García Paneque. Internado
en el hospital de la Prisión de Las Mangas,
Bayamo. Problemas siquiátricos, síndrome
de mala absorción intestinal, alergias, asma
y depauperación física generalizada
(ha perdido cerca de 80 libras de peso). Condenado
a 24 años.
- Normando Hernández González. Prisión
Kilo 5 ½, Pinar del Río. Síndrome
de mala absorción intestinal y úlceras
estomacales. Permaneció hospitalizado durante
seis meses por alteraciones en el análisis
de tuberculosis (bacilo de Koch). Condenado a 25 años.
- José Gabriel Ramón Castillo. Prisión
de Boniato, Santiago de Cuba. En septiembre se le
diagnosticó una cirrosis hepática avanzada;
padece además de trastornos circulatorios e
hipertensión arterial. Permaneció hospitalizado
hasta comienzos de marzo en el Hospital Ambrosio Grillo,
en Santiago de Cuba, pero fue retornado a la prisión
sin tratamiento médico. Condenado a 20 años.
- Juan Carlos Herrera Acosta. Prisión Kilo
8, Camagüey. Cardiopatía e hipertensión
arterial, problemas siquiátricos, polineuritis,
vitíligo y asma. Permaneció hospitalizado
entre marzo y mayo del 2005, y fue devuelto a la prisión
en junio. Condenado a 20 años.
- Alejandro González Raga. Prisión Kilo
7, Camagüey. Broncoestasia, hipertrofia ventricular
y trastornos digestivos severos. Condenado a 14 años.
- Julio César Gálvez Rodríguez.
Prisión del Combinado del Este, La Habana.
Hipertensión arterial, hígado graso,
artrosis cervical, sacro lumbalgia y trastornos nerviosos.
Condenado a 15 años.
- Ricardo González Alfonso. Prisión
del Combinado del Este, La Habana. Fue operado de
vesícula en enero del 2005. Posteriormente
ha sido sometido a otras dos intervenciones quirúrgicas
por secreciones purulentas y presencia de un estafilococo
en la herida. Tiene además un soplo cardíaco
congénito. Condenado a 20 años.
- Pedro Argüelles Morán. Prisión
de Nieves Morejón, Sancti Spiritus. Enfisema
pulmonar, artritis generalizada y pérdida de
la visión (cataratas en ambos ojos). Condenado
a 20 años.
- Albert Santiago Du Bouchet. Internado en la sala
de presos del Hospital Julio Trigo, en La Habana,
con un problema neurológico intracraneal. Condenado
a un año.
A
la lista de encarcelados se suma ahora Lamasiel Gutiérrez
Romero, de 37 años, la única periodista
tras las rejas en Cuba. Gutiérrez cumplía
una sentencia de siete meses de libertad condicional
en Isla de la Juventud, pero el pasado 7 de octubre
se le revocó el arresto domiciliario y fue
encarcelada en la prisión de Manto Negro, en
La Habana, por no abandonar el ejercicio periodístico
independiente. La situación de Gutiérrez
es particularmente difícil, pues su esposo,
el abogado Roberto Jiménez Posada, se encuentra
arrestado hace tres años bajo acusaciones de
propaganda enemiga, desacato y revelación de
secretos de Estado. El matrimonio tiene un hijo de
siete años que ha pasado a la custodia de la
abuela materna.
Mientras,
el periodista Oscar Mario González permanece
detenido en una prisión de La Habana desde
el pasado 22 de julio sin ser formalmente encausado
ni permitírsele el derecho a fianza. González,
de 62 años, fue arrestado cerca de su casa
por la policía bajo suposiciones de que se
dirigía a una protesta antigubernamental frente
a la sede diplomática de Francia, y ha sido
informado de que se le acusará por violar la
Ley para la Protección de la Seguridad Nacional
y la Economía de Cuba (ley 88), de 1999, que
sirvió para aplicar largas condenas a disidentes
y periodistas en la primavera del 2003.
Para
los más de 50 informadores y comunicadores
que a lo largo del país tratan de mantener
vivo el movimiento de periodismo independiente, las
condiciones de trabajo son abrumadoramente adversas.
La falta de recursos materiales y el acceso a las
tecnologías de información son limitaciones
menores en la espiral de intimidaciones policiales,
represalias, detenciones temporales y el acoso de
turbas, movilizadas e instigadas por los propios agentes
de la Seguridad del Estado.
Sus
colaboraciones siguen teniendo como destino páginas
digitales, emisoras radiales y publicaciones en el
exterior, principalmente de Miami, sin cuyo respaldo
sería impensable la sobrevivencia de ese movimiento
profesional.
Desde
el pasado noviembre, varios periodistas independientes
han sido víctimas de manifestaciones públicas
(actos de repudio) frente a sus domicilios.
Los
días 21 y 23 de enero se reportaron agresiones
paramilitares contra el periodista Oscar Sánchez
Madan, en La Habana. El 17 de febrero, el periodista
fue amenazado por el presidente del comité
de barrio (CDR) por haber mencionado su nombre en
un programa de Radio Martí, emisora del gobierno
estadounidense.
El
13 de febrero, el periodista Roberto Santana Rodríguez
fue citado por la Seguridad del Estado para una entrevista
en una estación policial de Marianao, La Habana.
Durante el encuentro, un oficial le mostró
un grueso expediente de las noticias publicadas por
Santana en la internet, así como un listado
de llamadas telefónicas que podrían
constituir pruebas para un potencial proceso por su
ilegal desempeño periodístico.
El
19 de febrero, Gilberto Manuel González Delgado
sufrió un registro en su domicilio, el cual
estuvo dirigido por un oficial de la Seguridad del
Estado y dos miembros del CDR. Se le confiscaron una
máquina de escribir y varios artículos,
con la amenaza de que sería encausado en virtud
de la ley 88.
El
7 de noviembre, el periodista Carlos Serpa Maceira,
residente de Isla de la Juventud, fue detenido por
tres horas en una estación policial de La Habana
por no contar con un “permiso de residencia
transitoria” en la capital.
El
periodista Luis Guerra Javier, residente en Camagüey,
tiene hace tres meses una visa para emigrar a Estados
Unidos, pero las autoridades le retienen el permiso
de salida.
Al
menos otros diez incidentes de hostigamiento a periodistas
en La Habana y el interior del país ocurrieron
durante el semestre.
En
el escenario público se destaca el ayuno-protesta
del sicólogo Guillermo Fariñas, director
de la agencia independiente Cubanacán Press,
hospitalizado en una sala de terapia intensiva del
Hospital Provincial “Arnaldo Milián”,
en Santa Clara, debido a su inestable estado de salud.
Fariñas,
de 43 años, fue ingresado en el hospital el
7 de febrero por los síntomas de deterioro
que presentaba su organismo a causa de una huelga
de hambre, iniciada el 31 de enero. El motivo de la
protesta: reclamar a las autoridades gubernamentales
el acceso, de él y de sus colegas, a la internet,
un tema de alta sensibilidad entre los profesionales
cubanos y la población en general.
El
uso de la internet en Cuba está limitado a
organismos centrales del Estado, instituciones educacionales
y culturales, y extranjeros que abonan el servicio
en moneda convertible. Ningún cubano puede
acceder libremente a la red, ni siquiera pagando la
comunicación en moneda convertible. El gobierno
admite que tiene “regulaciones de internet”
y que bloquea páginas electrónicas con
la argumentación de que “le hacen daño
a la soberanía del país”, porque
pertenecen a “organizaciones contrarrevolucionarias
subversivas y terroristas”.
Desde
esa perspectiva de control, se explica que Cuba compareciera
el pasado noviembre ante la Cumbre Mundial sobre la
Sociedad de la Información, en Túnez,
abogando porque la internet sea administrada por un
organismo internacional. La delegación cubana
al foro culpó también a Estados Unidos
por bloquearle a la isla la conexión a una
fibra óptica submarina, lo cual aumentaría
la posibilidad de ancho de banda y reduciría
los costos del enlace a la red.
Según
los cálculos oficiales, existen hoy en Cuba
más de 1,500 sitios virtuales, unas 150,000
personas usan la internet y los usuarios de correo
electrónico sobrepasan los 790,000 dentro de
la isla. Pero la “distribución social
de la internet” que defiende Cuba, incluido
el impulso de los llamados Joven Club de Computación,
está concebida como una rígida intranet,
sesgada mediante la filtración de las páginas
con opiniones contrarias a la política oficial
del gobierno.
Al
calor de una nueva campaña contra la corrupción,
el gobierno cubano ha emprendido una ofensiva para
impedir la proliferación de las señales
clandestinas de televisión por satélite,
principalmente en La Habana. La policía acomete
redadas en las barriadas en busca de los centros de
redistribución de la señal para desmantelar
las redes de servicio, destruir las antenas y multar
a los infractores.
La
recepción de televisión satelital y
por cable está restringida en Cuba a hoteles
y residentes extranjeros. Los servidores ilegales
son personas que compran receptores de satélite
para vender la señal televisiva a sus vecinos
por un módico precio mensual. El contenido
del servicio se centra en canales estadounidenses
en español, como las cadenas Univisión
y Telemundo, y estaciones de Miami.
Miles
de ciudadanos cubanos pagan por este servicio clandestino
como una alternativa de información y entretenimiento
a la televisión estatal, caracterizada por
una fuerte carga de propaganda política que
promueve la llamada “Batalla de Ideas”.
Obviamente,
la preocupación del gobierno es más
ideológica que legal. En una nota del pasado
8 de marzo, el diario oficial Granma alertó
sobre la programación de esos canales donde
“sobre la base de supuestas distracciones y
la cacareada e hipócrita libre información,
abunda la tergiversación de la realidad cubana,
así como la banalidad, el consumismo y otros
arquetipos de la sociedad capitalista”.
El
gobierno anunció la captura y procesamiento
de Carlos Valdés González, un cubano
residente en Estados Unidos, quien fue detenido en
La Habana el pasado 24 de junio por tráfico
ilegal de tecnología para captar señales
televisivas. Otros dos cubanos residentes en la isla,
Liván Salgado Carrillo, un agente de seguridad
y protección en el aeropuerto internacional
de La Habana, y Darién Rodríguez Lobaina,
están acusados también en este caso
bajo cargos de cohecho y receptación.
Pero
la escalada gubernamental por el control de los mensajes
televisivos no deja al margen siquiera a los programas
oficiales. El 15 de febrero una nota del Instituto
Cubano de Radio y Televisión (ICRT) anunció
la suspensión del programa musical y humorístico
“El Expreso”, alegando que “no se
ajusta a la política de programación
del organismo”.
La
prensa oficial fustigó a “El Expreso”
-que ocupaba hace un año el horario estelar
de los domingos en el canal Cubavisión- por
“apelar a tópicos de las revistas del
corazón” y buscar el “entretenimiento
fácil”. La inconformidad gubernamental
está motivada por la retransmisión en
el espacio de la boda del presentador y actor Jorge
Martínez, celebrada en un hotel habanero con
la presencia de un grupo de populares artistas.
De
hecho, la prensa gubernamental se ha proclamado en
pie de lucha para acometer un nuevo proceso de “rectificación
de errores y tendencias negativas” convocado
por el gobernante Fidel Castro. La exhortación
lanzada en ocasión del Día de la Prensa
Cubana, el 14 de marzo, clama por “una lucha
campal contra las tendencias desmoralizantes de quienes
por mezquindad han perdido la virtud ética”
y solicita que los periodistas se involucren “con
responsabilidad y compromiso” en esta “batalla
por el orden” para estar “a la altura
de las reflexiones” de Castro.
Las
instituciones del periodismo gubernamental mantienen
como estandarte el culto a las ideas de Castro. El
pasado 6 de febrero el oficialista Instituto Internacional
de Periodismo de La Habana llegó al extremo
de convocar a un ciclo dedicado al “análisis
de la obra periodística del Comandante en Jefe
Fidel Castro” con la intervención de
periodistas e investigadores.
El
diferendo político con Washington ha escalado
nuevas tensiones y estrategias de propaganda. A fines
de enero, la Oficina de Intereses de Estados Unidos
en La Habana colocó en su fachada una pantalla
electrónica gigante para transmitir noticias,
mensajes de derechos humanos y pensamientos de líderes
mundiales a favor de la libertad, así como
breves acotaciones a la realidad cubana.
El
gobierno respondió de inmediato con una multitudinaria
manifestación frente a la sede diplomática
y, días después, inauguró un
bosque de mástiles, con banderas negras, para
bloquear la visibilidad de la pantalla y denunciar
los “actos de terrorismo” contra la isla.
No
han faltado las detenciones y prohibiciones de periodistas
y personalidades extranjeras que intentan visitar
la isla para conocer la realidad del pueblo cubano.
A
comienzos de diciembre las periodistas Anna Bikont,
del diario polaco Gazeta Wyborcza, y la suiza Nelly
Norton, fueron detenidas y enviadas forzosamente en
un vuelo rumbo a Italia. Ambas habían ingresado
en Cuba con visas de turista y fueron detenidas por
agentes policiales en la ciudad de Sancti Spiritus
tras realizar entrevistas a miembros de la disidencia.
Se les decomisaron todas las notas y las fotografías
tomadas durante la visita.
El
23 de enero fueron detenidas por once horas la famosa
modelo Helena Houdova y la sicóloga Mariana
Kroftova, ambas de nacionalidad checa, mientras tomaban
fotografías en las afueras de La Habana. Las
fotos iban a ser utilizada para una exposición
con fines humanitarios.
El
18 de febrero, el historiador y periodista argentino
José Ignacio García Hamilton fue impedido
de entrar en La Habana y tuvo que irse en el mismo
avión en que había viajado a la isla.
Aunque García Hamilton contaba con visa, las
autoridades cubanas de inmigración le informaron
que por órdenes superiores tenía prohibida
la entrada al país. El intelectual argentino
y su esposa habían planeado visitar Cuba por
una semana.
Durante
una comparecencia televisiva, el pasado 22 de enero,
Castro la emprendió contra el corresponsal
de la BBC Radio en La Habana, Fernando Rasberg, llamándolo
“tipejo’ y “el periodista más
mentiroso” de todos los acreditados en Cuba.
Los insultos contra el periodista se repitieron varias
veces en referencia a un artículo titulado
“Revolución energética a oscuras”,
en el que el corresponsal hablaba de un apagón
reciente que había dejado en penumbras a la
capital cubana por varias horas.
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