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Informe
Indianápolis
Marzo, 2005
CUBA
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El
periodismo cubano atraviesa por un doloroso momento
de precariedad, desgastado por 46 años de control
estatal sobre los medios de comunicación, una
violenta escalada represiva contra las expresiones
independientes y los periodistas presos, y la total
indiferencia de las autoridades ante las demandas
informativas de la población.
La
situación sobre la represión desencadenada
con amplio despliegue policial y juicios sumarios
de dos años atrás, no ha dejado de existir
y recrudecerse en la actualidad.
El
panorama actual no podría ser más desolador.
Justamente al cierre de este informe, el periodista
Víctor Rolando Arroyo, de 56 años, languidece
en la sala de penados del hospital provincial de Holguín,
en el extremo oriental de la isla, tras realizar una
huelga de hambre de 23 días. Arroyo, condenado
a 26 años de prisión durante la ola
represiva de la primavera del 2003, decidió
optar por el ayuno en protesta por los continuos maltratos
de los carceleros y se ha negado a recibir tratamiento
médico, a pesar del grave deterioro de su salud.
Después de permanecer por varios días
en el hospital provincial de Guantánamo fue
trasladado el pasado 3 de octubre a Holguín.
Sus familiares, que han viajado desde Pinar del Río,
en el extremo occidental, tienen acceso limitado para
verlo.
Todos
los convenios internacionalmente reconocidos sobre
el tratamiento a prisioneros de conciencia en huelga
de hambre han sido incumplidos por las autoridades
cubanas.
En
la provincia de Villaclara, el periodista preso de
mayor edad, Héctor Maseda Gutiérrez,
de 62 años, condenado a 20 años cumple
ya 13 meses sin recibir visitas familiares ni visitas
conyugales. Desde enero de este año hasta hace
pocos días estuvo sometido a un “régimen
especial incrementado”, sufriendo vejaciones
de todo tipo, como represalia por los escritos testimoniales
sacados del penal y por la actitud que mantiene su
esposa, Laura Pollán, líder del movimiento
cívico conocido como Damas de Blanco. Pollán
fue advertida por las autoridades policiales, a comienzos
de este año, de que su esposo sufriría
las consecuencias si ella no abandonaba sus protestas
públicas a favor de la liberación de
los prisioneros de conciencia.
La
cifra de periodistas encarcelados se elevó
en este período a 26, con el arresto de Oscar
Mario González, quien permanece detenido desde
el pasado 22 de julio sin ser formalmente encausado,
y de Albert Santiago Du Bouchet, procesado y condenado
sumariamente a un año de cárcel, el
9 de agosto, por participar en una investigación
de rutina sobre un disturbio callejero.
González,
del Grupo de Trabajo Decoro, fue detenido cerca de
su casa bajo suposiciones de que asistiría
esa mañana a una protesta antigubernamental
frente a la Embajada de Francia en La Habana. Ha sido
ya informado por las autoridades de que se le formularán
cargos por violar la Ley para la Protección
de la Seguridad Nacional y la Economía de Cuba
(ley 88), de 1999, la cual sirvió para dictar
las condenas a disidentes y periodistas en el 2003.
El
9 de agosto la reportera Lamasiel Gutiérrez
Romero, de la agencia Nueva Prensa Cubana en Isla
de la Juventud, fue condenada a siete meses de libertad
condicional bajo acusaciones de “resistencia
al orden y desobediencia civil”. Gutiérrez
había sido arrestada por tres agentes de Seguridad
del Estado, el 14 de julio, cuando se disponía
a viajar a La Habana, y pasó siete horas en
una celda durante el interrogatorio policial.
Luego
de excarcelar a seis periodistas del llamado Grupo
de los 75 con licencias extrapenales por razones humanitarias,
el pasado año, el gobierno ha congelado el
otorgamiento de este beneficio. La licencia extrapenal
por motivos de salud es una cláusula amparada
por el Decreto-Ley 62, de 1987, que implica el cumplimiento
de la condena en reclusión domiciliaria, pero
no estipula la amnistía ni la supresión
de la sanción penal.
Dos
de los periodistas beneficiados con licencia extrapenal,
Raúl Rivero y Manuel Vázquez Portal,
lograron obtener el permiso del gobierno cubano para
emigrar. Rivero, director vicepresidente de la Comisión
de Libertad de Prensa de la SIP, viajó con
su familia a España en abril; Vázquez
Portal a Estados Unidos en junio.
Al
resto de los excarcelados con licencia extrapenal,
Jorge Olivera, Oscar Espinosa Chepe, Carmelo Díaz
Fernández y Edel José Garcia, se les
ha retenido el permiso de salida y sobre ellos pesa
el peligro de retornar a la cárcel si el gobierno
lo determina.
A
la partida de Rivero y Vázquez Portal hacia
el exilio, se suman también en el último
semestre María Elena Rodríguez, Claudia
Márquez, Miguel Saludes y Jesús Álvarez
Castillo, radicados en Estados Unidos, y Diolexys
Rodriguez Hurtado, Belkys Rodríguez Bravo,
Isabel Rey Rodríguez y Marvin Hernández
Monzón, en Francia.
Para quienes están encarcelados con sanciones
que oscilan entre tres y 27 años, sigue en
vigor, mayoritariamente, un régimen de severidad
penal, alejados de sus hogares y familiares por a
cientos de millas de distancia. Son comunes las denuncias
por vejaciones, alimentación deplorable, carencia
de agua potable, hacinamiento en las celdas y la convivencia
con reos comunes de alta peligrosidad.
Una docena de los encarcelados tiene la salud afectada
por enfermedades crónicas y adquiridas durante
la reclusión. De los periodistas enfermos que
permanecen en prisión, sin las debidas condiciones
higiénico-sanitarias, los casos más
alarmantes son los siguientes:
-
José Gabriel Ramón Castillo, de 46 años,
Prisión de Boniato, Santiago de Cuba. En septiembre
se le diagnosticó cirrosis hepática,
junto a la hipertensión arterial y los trastornos
circulatorios que ya padecía.
- Normando Hernández González, de 36
años, retornado a la prisión Kilo 5
½, en Pinar del Río tras seis meses
de hospitalización por alteraciones en el análisis
de tuberculosis (bacilo de Koch); síndrome
de mala absorción intestinal y úlceras
estomacales.
- Juan Carlos Herrera Acosta, de 39 años, Prisión
Kilo 7, Camagüey: cardiopatía e hipertensión
arterial, polineuritis, afecciones de la piel (vitiligo),
trastornos nerviosos y pérdida de 30 libras
de peso. Tras permanecer hospitalizado entre marzo
y mayo, fue devuelto a la prisión a comienzos
de junio. El 23 de mayo, durante su estancia en la
sala de penados del hospital “Amalia Simoni”,
en Camagüey, fue golpeado, arrastrado por el
piso por los guardias y amenazado de que se le abriría
una nueva causa por “desacato a la figura de
Fidel Castro”. A finales de septiembre recibió
una golpiza, que motivó protestas de sus compañeros
de prisión.
- Adolfo Fernández Saínz, de 57 años,
Prisión Provincial de Holguín: hipertrofia
prostática, hipertensión arterial, conjuntivitis
crónica, enfisema pulmonar, hernia hiatal y
quistes renales.
- José Luis García Paneque, de 40 años,
Hospital Nacional de Reclusos de la prisión
Combinado del Este, en La Habana: síndrome
de mala absorción intestinal y crisis depresivas
agudas. Ha perdido más de 70 libras de peso
desde su reclusión.
- Mario Enrique Mayo, de 41 años, Prisión
Kilo 7, de Camagüey: hipertensión arterial,
enfisema pulmonar, gastritis y problemas prostáticos.
Ha sido trasladado cuatro veces de centro penitenciario
en menos de tres años y ha sido hospitalizado
en repetidas ocasiones. El pasado julio realizó
una huelga de hambre que debilitó severamente
su salud.
- Pedro Argüelles Morán, de 57 años,
Prisión de Nieves Morejón, Sancti Spiritus:
enfisema pulmonar, artritis generalizada y cataratas
en ambos ojos, por lo que está prácticamente
ciego.
- Julio César Gálvez Rodríguez,
de 61 años, Hospital Nacional de Reclusos de
la prisión Combinado del Este, La Habana: hipertensión
arterial, hígado graso, artrosis cervical,
sacro lumbalgia y estados depresivos.
- Ricardo González Alfonso, de 55 años,
Hospital Nacional de Reclusos del Combinado del Este,
La Habana: fue sometido a una operación de
vesícula en enero; granuloma abdominal un soplo
cardíaco congénito.
- Alfredo Pulido López, de 45 años,
Prisión Kilo 7, Camagüey: bronquitis crónica,
neuralgia occipital, hemorroides e hipertensión
arterial.
- Omar Ruiz Hernández, de 58 años, Prisión
de Canaleta, Ciego de Ávila: hipertensión
arterial y ensanchamiento de la aorta.
- José Ubaldo Izquierdo, de 40 años,
Prisión de Guanajay, La Habana: enfisema pulmonar
agudo y trastornos digestivos.
En
el acontecer público son cada vez más
frecuentes los casos de hostigamiento policial, represalias,
intimidación con desalojos de viviendas, detenciones
temporales y acoso por parte de turbas paramilitares,
instigadas y protegidas por los propios agentes del
orden. La revitalización de los llamados mítines
de repudio (viejo método represivo) es la nueva
carta de compulsión policíaca ante el
creciente descontento popular.
En Aguada de Pasajeros, Cienfuegos, el 8 de agosto,
fue detenido por ocho horas el médico Florencio
Cruz, integrante de la agencia Línea Sur Press,
a quien le decomisaron medicinas y dinero enviado
desde Estados Unidos. En La Habana, el 22 de agosto,
el periodista de la agencia Havana Press, Carlos Ríos,
fue detenido y liberado al día siguiente para
forzarlo a abandonar sus tareas profesionales.
El
16 de septiembre, Guillermo Fariñas, colaborador
de la agencia Cubanacán Press, en la ciudad
de Santa Clara, fue insultado y golpeado en plena
calle por un grupo de manifestantes progubernamentales
al salir de una estación de policía,
en presencia de agentes del orden.
A
finales de marzo, la vivienda del periodista Bernardo
Arévalo Padrón, residente en Aguada
de Pasajeros, Cienfuegos, fue pintarrajeada por ciudadanos
que dijeron ser militantes del Partido Comunista de
Cuba. Arévalo continúa laborando en
la agencia Línea Sur Press tras cumplir una
condena de seis años de cárcel por desacato
a la figura de Fidel Castro. Sus gestiones para emigrar
están bloqueadas tras la negativa de Estados
Unidos y Francia a otorgarle refugio político,
presuntamente por su anterior vinculación con
el Ministerio del Interior cubano.
A
principios de agosto, el matrimonio de los periodistas
Luis Guerra Juvier y Aurora del Toro, de la agencia
Nueva Prensa Cubana, fueron expulsados de la vivienda
que ocupaban en la ciudad de Camagüey, por órdenes
de funcionarios gubernamentales. La demanda de desalojo
estuvo argumentada sobre las presuntas “actividades
contrarrevolucionarias” de ambos periodistas.
En
Las Tunas, a mediados de agosto, el periodista Héctor
Riverón González, de la agencia Libertad,
fue citado por agentes de la Seguridad del Estado
para advertirle de que, si no se incorporaba a un
puesto de trabajo, sería arrestado y encausado
mediante la Ley 88 por sus labores informativas.
En
todo el país se mantienen activos unos 30 informadores
que desarrollan su labor de manera irregular, respaldados
fundamentalmente por agencias, emisoras radiales y
publicaciones en el exterior, como Cubanet, Nueva
Prensa Cubana, Carta de Cuba, Radio Martí,
Encuentro en la Red y otros sitios cibernéticos
y emisoras locales de Miami.
En
el escenario de la prensa gubernamental, los medios
oficiales desplegaron grandes espacios para promover
la inauguración del canal Telesur, el pasado
24 de julio, como una vía para “desalambrar
el latifundio mediático” y contribuir
a crear una conciencia de integración. Cuba
es uno de los cinco países patrocinadores del
canal televisivo, pero ni siquiera el régimen
permitirá a la audiencia cubana el acceso a
la totalidad de su programación. Los cubanos
sólo podrán ver una selección
de una hora de fragmentos y programas, debidamente
escogidos por expertos oficiales, como sucede mediante
los convenios de intercambios de programación
firmados con CNN y otras televisoras extranjeras.
La
alianza estratégica de los medios cubanos con
el periodismo oficialista venezolano prosigue a toda
marcha. Tras el lanzamiento en febrero de la revista
de “doble nacionalidad” Patria Grande,
Venezuela y Cuba firmaron un convenio de cooperación
informativa para estrechar los vínculos entre
la agencia cubana Prensa Latina (PL) y la Agencia
Bolivariana de Noticias (ABN). De acuerdo con el convenio,
suscrito el 23 de marzo, los periodistas cubanos ayudarán
a la reestructuración y reactivación
de ABN, y asesorarán “el tratamiento
informativo de las noticias, la capacitación
profesional del personal venezolano y el adiestramiento
en nuevas tecnologías”.
Por
el Día Mundial de la Libertad de Prensa, el
pasado 3 de mayo, la oficialista Unión de Periodistas
de Cuba (UPEC) convocó en La Habana a un coloquio
sobre “la verdad secuestrada”, en el cual
se analizó “el momento histórico
que vive Latinoamérica y muy especialmente
Venezuela”, y se, enfatizó, paradójicamente,
que “la información es un derecho de
los pueblos”.
La
supuesta campaña antiterrorista que dice respaldar
los la propaganda estatal a través de 548 medios
de prensa y más de 270 páginas cibernéticas,
resulta altamente cuestionable cuando en reacción
a los atentados que ocurrieron en Londres, el pasado
julio, sus sitios digitales llegan a publicar un artículo
con la siguiente aseveración: “Los atentados
de Londres son la expresión de la justa cólera
de los martirizados. Los mansos han decidido dejar
de serlo”. (Lisandro Otero: “La respuesta
de los sufrientes”. La Jiribilla, Semana 2-8
de julio de 2005).
El
gobierno cubano no ha escatimado amenazas contra los
corresponsales extranjeros acreditados en La Habana,
culpando a algunos de ellos por sumarse a la “guerra
electrónica” que trata de presentar una
imagen de caos y crisis económica en Cuba.
A comienzos de julio, mientras daban cobertura a los
mítines de repudio progubernamental frente
a viviendas de opositores pacíficos, camarógrafos
y reporteros, entre ellos representantes de la cadena
CNN, fueron increpados e incluso empujados por enardecidos
manifestantes, sin que las fuerzas policiales intervinieran
en los altercados. Días después, durante
un discurso por la efeméride revolucionaria
del 26 de julio, fue el propio Fidel Castro quien
advirtió sobre “algún que otro
corresponsal extranjero en La Habana” que se
ha dejado arrastrar, consciente o inconscientemente,
por “la corriente de la provocación y
la insidia” contra Cuba.
En esa ocasión Castro culpó también
al gobierno de Estados Unidos y los exiliados de Miami
por aprovecharse de las presuntas facilidades ofrecidas
por las autoridades cubanas para que numerosas agencias
internacionales y órganos de prensa residan
e informen desde la isla, y lamentó que “algunos
realmente lo hacen en plena complicidad con la Oficina
de Intereses de Estados Unidos para desinformar y
engañar al mundo sobre la realidad cubana”.
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