9
de septiembre del 2004
Carta de Blanca Reyes, esposa de Raúl Rivero,
a la opinión pública internacional
Mi esposo, el poeta
y periodista independiente cubano Raúl Rivero,
quien cumple una injusta condena a 20 años
de prisión por escribir sus puntos de vista
sobre la realidad cubana, se encuentra delicadamente
enfermo y en año y medio ha perdido más
de 80 libras de peso.
Este 9 de septiembre
las autoridades del penal le han informado acerca
del diagnóstico médico a partir de
las dolencias que ha presentado a lo largo de todo
este tiempo. De ese modo le han diagnosticado enfisema
pulmonar, tras haber sufrido dos bronconeumonías
severas, provocadas por las duras condiciones carcelarias.
Según bibliografía consultada el enfisema
pulmonar es una enfermedad de curso progresivo que
puede verse acelerada si el enfermo se ve sometido
a malas condiciones de vida y puede dar al traste
con la vida del paciente.
Aún así,
las autoridades de la cárcel le han negado
la posibilidad de dejarle pasar los medicamentos
que le llevé el pasado 19 de agosto, en ocasión
de nuestra última visita.
Las brutales presiones psicológicas a que
está siendo sometido y que indiscutiblemente
son, al menos, aprobadas al más alto nivel
del gobierno, incluyen desde un carcelero ensañado
diabólicamente en su persona, hasta el castigo
de no permitirle más visitas hasta el mes
de noviembre, pasando por la prohibición
a los demás presos a dirigirle la palabra,
so pena de ser severamente castigados. A todo eso
y más, se viene a sumar ahora un nuevo elemento:
el acoso que sufre por parte de dos presos comunes
que alegadamente tienen familiares en el gobierno,
y que responden a los nombres de Eduardo Díaz
Pérez y Carlos Cruz Seguí, quienes
crean cizaña con otros reos comunes para
crear conflictos y riñas entre estos y Raúl
Rivero. Mi esposo está convencido que este
nuevo acoso está especialmente dirigido por
la seguridad del estado.
Aprovecho la ocasión
para hacer un llamado a la opinión pública
internacional y en especial a todos los gobiernos
democráticos del mundo y a los colegas de
profesión de mi esposo a redoblar los esfuerzos
por todos los medios posibles para demandar al gobierno
cubano en todos los foros y por todos los medios
de comunicación, la urgente liberación
de mi esposo, el poeta Raúl Rivero, cuya
integridad física corre serios peligros ahora
más que nunca.
Denuncio que Fidel
Castro Ruz es el único culpable del estado
de salud actual de mi esposo y de los peligros que
corre su integridad física. ¡Ayúdenme
a liberar a mi esposo!