4
de septiembre de 2004
El día después
Pinar del Río ante 'Iván El Terrible':
¿Lo peor ha pasado?
Por Iván García
Fue una lucha de poder a poder. Según el viejo
santero Marcelino Negrín, de 67 años,
las oraciones y súplicas a la Virgen de la
Caridad, la Patrona de Cuba, salvaron a los cubanos
de un desastre mayúsculo.
Ya en la medianoche del 7 de septiembre, más
de 40 personas que participaban en la víspera
del día de la patrona y que atestaban el hogar
de Marcelino, hicieron un silencio sepulcral y oraron
para que el huracán Iván cambiara de
rumbo. "Oyeron nuestras súplicas",
apunta Marcelino.
Puede que haya sido
la Virgen, quizás fue la suerte. Pero lo
cierto es que de forma inexplicable el sexto ciclón
más grande de todos los tiempos cambió
de rumbo y sólo afectó la zona del
Cabo de San Antonio, en la provincia de Pinar del
Río, a casi 300 kilómetros de La Habana.
Blanca Reyes, 55 años,
esposa del poeta y periodista Raúl Rivero,
condenado a 20 años de prisión por
el gobierno de Castro, también celebró
una misa en la noche del 7 de septiembre en su apartamento
de Centro Habana para agasajar a la Virgen de la
Caridad. Varias esposas, madres y hermanas de los
opositores y periodistas presos oraron por la suerte
de los suyos y porque el huracán Iván
se alejara lo más posible de la Isla. No
era para menos.
Ya desde el mismo día
7, las autoridades habían puesto al país
en tensión al decretar la alerta informativa.
Iván no era un huracán cualquiera.
Tenía categoría 5, con vientos sostenidos
de más de 260 kilómetros por hora
y lluvias macondianas.
En su paso por el Caribe,
"El Terrible" ha cobrado más de
60 vidas. El temor en la Isla no era por la integridad
física de las personas. No. Era por los daños
materiales a sus bienes y al día después
del ciclón, donde se agolpan una serie de
problemas como la falta de agua, luz y gas, que,
junto a las perennes cazuelas vacías y carteras
con poco dinero, llevan al cubano de a pie al borde
de la desesperación.
La orfandad material
Justo un mes antes,
el 13 de agosto, un ciclón con menos categoría,
el Charley, azotó las provincias de La Habana
y Ciudad de la Habana y las afectaciones fueron
severas. Hubo pérdidas de más de mil
millones de dólares, y la falta de luz eléctrica
se extendió por 14 días.