Editorial
Crímenes contra
la libertad
ALBERTO IBARGÜEN
Presidente de The Miami Herald Publishing Co. y editor
de The Miami Herald y El Nuevo Herald
Ayer, en La Habana, el periodista independiente Raúl
Rivero fue sentenciado a 20 años de prisión.
Ricardo González Alfonso, el editor de la revista
De Cuba, también fue sentenciado a 20 años.
Ambos se encuentran entre unos 80 cubanos acusados de delitos
contra el estado, entre los que se encuentran Martha Beatriz
Roque, (20 años), y Héctor Palacios, (25 años).
¿Su verdadero delito? Han hablado. Han expresado
sus opiniones, firmado peticiones y escrito artículos.
Se han congregado en las casas de unos y otros para hablar
de política y de cómo construir una Cuba mejor.
El señor Rivero escribe regularmente para El Nuevo
Herald y ocasionalmente para The Miami Herald. Ha tenido
múltiples oportunidades de abandonar la isla, pero
las ha rechazado todas porque insiste en que él no
huirá de su país. Hace unos cuantos años,
en un encuentro en Costa Rica, la Sociedad Interamericana
de Prensa le honró con la más alta distinción
que concede a los que defienden la libertad de expresión.
Si bien el gobierno cubano le entregó una visa de
salida, él rehusó asistir al encuentro porque
su retorno a Cuba no estaba garantizado.
Hoy, está en la cárcel, todavía comprometido
con los principios de la libre expresión de las ideas.
Entre los artículos que le fueron confiscados cuando
la policía irrumpió en su hogar hace una semana:
una recopilación de los discursos de Martin Luther
King, autografiada por el ex presidente Jimmy Carter durante
su reciente viaje a la isla. El libro fue incautado como
evidencia de ideas subversivas.
Destacamos estos encarcelamientos para recordarles a los
lectores que detrás de cada uno de estos incidentes
hay un ser humano. No deben ser vistos o discutidos como
cifras, sino como tragedias que le han ocurrido a gente
valiente. La continua represión de pensamiento y
expresión en Cuba es una vergüenza para toda
la humanidad.
El presidente Bush y la presidencia de la Unión
Europea han sido enérgicos y elocuentes en su condena
a la actual oleada de represión en Cuba. Extraña
y vergonzosamente silenciosos han sido los gobiernos de
América Latina.
¿Dónde están las voces de la democracia
en nuestro Hemisferio? ¿Dónde está
la valentía política que deberían tener
los presidentes Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil o Vicente
Fox de México para pedirle a Castro que cese y desista?
Hay un argumento de sentido común que se le debería
plantear a aquellos en el gobierno cubano que sobrevivirán
al viejo tirano Castro: el futuro de Cuba sin Castro está
cerca, aunque sólo sea por cuestión de almanaque.
Cuando Cuba trate de imaginar su propio camino en el futuro
cercano, la comunidad internacional dirigirá su mirada
hacia aquellos que participaron en este vergonzoso episodio.
Como líderes de primer orden electos democráticamente,
este es un argumento que los presidentes Alvaro Uribe de
Colombia y Alejandro Toledo de Perú deberían
estar planteando.
¿Dónde está la respuesta del gran
socialista demócrata, el presidente chileno Ricardo
Lagos, a la demanda de su legislatura de que el gobierno
de Chile asuma una posición de protesta formal?
No hay respuesta alguna y todos ellos deberían estar
avergonzados.
Los disidentes encarcelados forman parte todos de un movimiento
que sigue y crece en Cuba, a pesar de lo que le ocurra a
sus líderes. Desde el inicio, algunos cubanos partidarios
de la democracia abandonaron la isla. Otros se quedaron
para proseguir la labor.
Omar López Montenegro se encontraba entre aquellos
que comenzaron sus actividades a finales de la década
del 80. Ahora trabaja en cuestiones de derechos humanos
en la Fundación Nacional Cubano Americana en Miami.
''Cuando se entra en el movimiento disidente'', dijo el
señor López, ''uno siempre se está
preguntando ¿cuándo iré a la cárcel?''.
Los nuevos activistas han aprendido de sus predecesores.
Ellos saben que los agentes de la seguridad del estado se
infiltran en sus organizaciones y crean la división.
Saben que son seguidos, sus teléfonos controlados,
y acosados y detenidos repetidamente.
Escoger ese camino, sabiendo que tal tratamiento es posible,
requiere una dedicación extraordinaria. ''Se cree
tanto en la causa que con gusto se hacen sacrificios desde
el inicio'', dijo López. 'Y por eso se tiene menos
miedo y se puede decir con convicción, `no me rendiré'
'. Cuando algunos son encarcelados, o se exilian, otros
vienen y los sustituyen''.
La represión en Cuba no ha eliminado la disensión,
si bien ha disminuido su propagación. Largas sentencias
de cárcel y obligar a la gente al exilio son medios
efectivos para reducir la oposición. Pero no ha sido
silenciada. ¿Qué tiene la libertad que permite
que la gente se siga levantando? ¿Cuál es
su condición que hace que sea tan natural?
Jan Bubenik, un activista checo, fue arrestado hace dos
años en Cuba por darle a alguien una computadora
portátil -un delito contra el estado. Más
tarde, recordaba que él y su colega, Ivan Pilip,
antiguo ministro de Finanzas de Checoslovaquia, se volvían
el uno al otro tras sólo dos días de estancia
en la isla y se decían en alta voz cuánto
su experiencia de Cuba les recordaba la vida en Checoslovaquia
bajo el control comunista de la Unión Soviética.
La revolución checa había tenido lugar solamente
11 años atrás, pero Bubenik dijo, ''habíamos
olvidado cuán natural es la libertad''. Hasta que
se vieron privados de ella en Cuba.