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El Nuevo Herald / 8 de abril del 2003

Editorial

Crímenes contra la libertad

ALBERTO IBARGÜEN

Presidente de The Miami Herald Publishing Co. y editor de The Miami Herald y El Nuevo Herald

Ayer, en La Habana, el periodista independiente Raúl Rivero fue sentenciado a 20 años de prisión. Ricardo González Alfonso, el editor de la revista De Cuba, también fue sentenciado a 20 años. Ambos se encuentran entre unos 80 cubanos acusados de delitos contra el estado, entre los que se encuentran Martha Beatriz Roque, (20 años), y Héctor Palacios, (25 años).

¿Su verdadero delito? Han hablado. Han expresado sus opiniones, firmado peticiones y escrito artículos. Se han congregado en las casas de unos y otros para hablar de política y de cómo construir una Cuba mejor.

El señor Rivero escribe regularmente para El Nuevo Herald y ocasionalmente para The Miami Herald. Ha tenido múltiples oportunidades de abandonar la isla, pero las ha rechazado todas porque insiste en que él no huirá de su país. Hace unos cuantos años, en un encuentro en Costa Rica, la Sociedad Interamericana de Prensa le honró con la más alta distinción que concede a los que defienden la libertad de expresión. Si bien el gobierno cubano le entregó una visa de salida, él rehusó asistir al encuentro porque su retorno a Cuba no estaba garantizado.

Hoy, está en la cárcel, todavía comprometido con los principios de la libre expresión de las ideas. Entre los artículos que le fueron confiscados cuando la policía irrumpió en su hogar hace una semana: una recopilación de los discursos de Martin Luther King, autografiada por el ex presidente Jimmy Carter durante su reciente viaje a la isla. El libro fue incautado como evidencia de ideas subversivas.

Destacamos estos encarcelamientos para recordarles a los lectores que detrás de cada uno de estos incidentes hay un ser humano. No deben ser vistos o discutidos como cifras, sino como tragedias que le han ocurrido a gente valiente. La continua represión de pensamiento y expresión en Cuba es una vergüenza para toda la humanidad.

El presidente Bush y la presidencia de la Unión Europea han sido enérgicos y elocuentes en su condena a la actual oleada de represión en Cuba. Extraña y vergonzosamente silenciosos han sido los gobiernos de América Latina.

¿Dónde están las voces de la democracia en nuestro Hemisferio? ¿Dónde está la valentía política que deberían tener los presidentes Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil o Vicente Fox de México para pedirle a Castro que cese y desista?

Hay un argumento de sentido común que se le debería plantear a aquellos en el gobierno cubano que sobrevivirán al viejo tirano Castro: el futuro de Cuba sin Castro está cerca, aunque sólo sea por cuestión de almanaque. Cuando Cuba trate de imaginar su propio camino en el futuro cercano, la comunidad internacional dirigirá su mirada hacia aquellos que participaron en este vergonzoso episodio. Como líderes de primer orden electos democráticamente, este es un argumento que los presidentes Alvaro Uribe de Colombia y Alejandro Toledo de Perú deberían estar planteando.

¿Dónde está la respuesta del gran socialista demócrata, el presidente chileno Ricardo Lagos, a la demanda de su legislatura de que el gobierno de Chile asuma una posición de protesta formal?

No hay respuesta alguna y todos ellos deberían estar avergonzados.

Los disidentes encarcelados forman parte todos de un movimiento que sigue y crece en Cuba, a pesar de lo que le ocurra a sus líderes. Desde el inicio, algunos cubanos partidarios de la democracia abandonaron la isla. Otros se quedaron para proseguir la labor.

Omar López Montenegro se encontraba entre aquellos que comenzaron sus actividades a finales de la década del 80. Ahora trabaja en cuestiones de derechos humanos en la Fundación Nacional Cubano Americana en Miami.

''Cuando se entra en el movimiento disidente'', dijo el señor López, ''uno siempre se está preguntando ¿cuándo iré a la cárcel?''. Los nuevos activistas han aprendido de sus predecesores. Ellos saben que los agentes de la seguridad del estado se infiltran en sus organizaciones y crean la división. Saben que son seguidos, sus teléfonos controlados, y acosados y detenidos repetidamente.

Escoger ese camino, sabiendo que tal tratamiento es posible, requiere una dedicación extraordinaria. ''Se cree tanto en la causa que con gusto se hacen sacrificios desde el inicio'', dijo López. 'Y por eso se tiene menos miedo y se puede decir con convicción, `no me rendiré' '. Cuando algunos son encarcelados, o se exilian, otros vienen y los sustituyen''.

La represión en Cuba no ha eliminado la disensión, si bien ha disminuido su propagación. Largas sentencias de cárcel y obligar a la gente al exilio son medios efectivos para reducir la oposición. Pero no ha sido silenciada. ¿Qué tiene la libertad que permite que la gente se siga levantando? ¿Cuál es su condición que hace que sea tan natural?

Jan Bubenik, un activista checo, fue arrestado hace dos años en Cuba por darle a alguien una computadora portátil -un delito contra el estado. Más tarde, recordaba que él y su colega, Ivan Pilip, antiguo ministro de Finanzas de Checoslovaquia, se volvían el uno al otro tras sólo dos días de estancia en la isla y se decían en alta voz cuánto su experiencia de Cuba les recordaba la vida en Checoslovaquia bajo el control comunista de la Unión Soviética.

La revolución checa había tenido lugar solamente 11 años atrás, pero Bubenik dijo, ''habíamos olvidado cuán natural es la libertad''. Hasta que se vieron privados de ella en Cuba.

Tomemos la determinación de no olvidar nunca cuán natural es la libertad. Tomemos la determinación de hacer todo lo posible, desde cualquier perspectiva política en que nos encontremos, para apoyar los esfuerzos por la libertad de Cuba.

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