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Informe ante la 59ª
Asamblea General
Chicago, Illinois
Octubre, 2003
CUBA
Nunca antes el caso cubano había
atravesado por situaciones tan devastadoras como en este período
de análisis. Cuando en marzo recibimos los primeros reportes
desde La Habana sobre el allanamiento de viviendas, la incautación
de bienes de trabajo y el arresto de una veintena de periodistas
independientes, lejos estábamos de calcular las dimensiones
de la actual represión por parte del Estado.
Tras la ola de arrestos de 28 representantes de la prensa independiente,
los detenidos fueron encausados y sometidos inmediatamente a juicios
sumarios, desprovistos de las mínimas garantías procesales.
En la mayoría de los procesos, los abogados de la defensa
no pudieron siquiera entrevistarse con sus defendidos o lo hicieron
apenas horas antes del juicio, y sólo contaron con escaso
tiempo para examinar los expedientes.
Los juicios contra los periodistas y demás opositores pacíficos
se desarrollaron entre el 3 y el 7 de abril a puertas cerradas,
con acceso limitado a familiares muy cercanos. A ningún miembro
del personal diplomático acreditado en La Habana se le permitió
entrar a las salas y los tribunales permanecieron acordonados por
agentes policiales durante las sesiones judiciales.
Los periodistas fueron juzgados bajo el Art. 91 del Código
Penal Cubano, de 1987, y la Ley de Protección de la Independencia
Nacional y la Economía de Cuba, la llamada "ley mordaza",
de 1999. De acuerdo con tales legislaciones, los miembros de la
prensa no gubernamental pueden ser condenados por cometer "actos
contra la independencia o la integridad territorial del Estado",
buscar información "para ser utilizada en la aplicación
de la Ley Helms-Burton, el bloqueo y la guerra económica"
contra Cuba, y acumular, reproducir y difundir "material subversivo
del gobierno de Estados Unidos".
Sin más pruebas que viejas máquinas de escribir, grabadoras,
cintas, cámaras fotográficas, folletos y revistas,
una cámara de video, no más de diez computadoras y
"comprometedoras" libretas de teléfonos, la fiscalía
solicitó tres cadenas perpetuas y penas entre los 15 y 30
años de cárcel para el resto de los encausados. Para
reafirmar sus acusaciones, el ministerio fiscal se auxilió
del testimonio de 12 agentes infiltrados de la Seguridad del Estado,
que hasta la víspera actuaban como disidentes. Entre los
"destapados" figuraban dos connotados miembros de la prensa
independiente, Manuel David Orrio y Néstor A. Baguer, quienes
días antes habían orquestado un taller de ética
periodística en la residencia de James Cason, jefe de la
Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
De espaldas al clamor internacional, el gobierno impuso sentencias
comprendidas entre los 14 y los 27 años de prisión
a los 28 periodistas encausados. De los 1,454 años de prisión
dictados contra 79 opositores pacíficos, 547 recayeron en
periodistas.
Una de las más severas penas fue para el laureado poeta y
periodista Raúl Rivero, vicepresidente regional de la Comisión
de Libertad de Prensa e Información y director de la SIP,
condenado a 20 años de cárcel. La lista completa de
los periodistas condenados es la siguiente: Raúl Rivero Castañeda
(Cuba Press, Revista De Cuba), 20 años; Omar Rodríguez
Saludes (Nueva Prensa Cubana), 27 años; Víctor Rolando
Arroyo (Unión de Periodistas y Escritores Cubanos), 26 años;
Miguel Galván Gutiérrez (Havana Press), 26 años;
Normando Hernández González (Colegio de Periodistas
Independientes de Camagüey), 25 años; Iván Hernández
Carrillo (Agencia Patria), 25 años; José Luis García
Paneque (Agencia Libertad), 24 años; Ricardo González
Alfonso (Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling,
Revista De Cuba), 20 años; Oscar Espinosa Chepe (periodista
independiente), 20 años; Pedro Argüelles Morán
(Cooperativa Avileña de Periodistas Independientes), 20 años;
Héctor Maseda Gutiérrez (Grupo Decoro), 20 años;
Pablo Pacheco Ávila (Cooperativa Avileña de Periodistas
Independientes), 20 años; Mario Enrique Mayo (Agencia Félix
Varela), 20 años; José Gabriel Ramón González
(Instituto Cultura y Democracia), 20 años; Juan Carlos Herrera
Acosta (Agencia de Prensa Libre Oriental), 20 años; Fabio
Prieto Llorente (periodista independiente), 20 años; Léster
Luis González Pentón (periodista independiente), 20
años; Manuel Vázquez Portal (Grupo Decoro), 18 años;
Jorge Olivera Castillo (Havana Press), 18 años; Omar Ruiz
Hernández (Grupo Decoro), 18 años; Carmelo Díaz
Fernández (Agencia de Prensa Sindical Independiente de Cuba),
16 años; José Ubaldo Izquierdo (Grupo Decoro), 16
años; Edel José García Díaz (Centro
Norte Press), 15 años; Adolfo Fernández Sainz (Agencia
Patria), 15 años; Julio César Gálvez (periodista
independiente), 15 años; Mijaíl Bárzaga Lugo
(Agencia Noticiosa Cubana), 15 años; Alejandro González
Raga (periodista independiente), 14 años y Alfredo Pulido
López (Agencia El Mayor), 14 años.
A ellos se suman otros cinco bajo distintas condiciones de arresto,
lo que eleva la cifra a un total de 33 periodistas confinados: Bernardo
Arévalo Padrón (Agencia Línea Sur), 6 años,
en prisión desde el 18 de noviembre de 1997, acusado de desacato
a la figura del presidente Fidel Castro y del vicepresidente Carlos
Lage; Carlos Alberto Domínguez (Agencia Cuba Verdad), encarcelado
sin juicio en la Prisión de Valle Grande, La Habana, desde
el 23 de febrero del 2002; Léster Téllez Castro (Agencia
de Prensa Libre Avileña), encarcelado sin juicio en la Prisión
de Canaleta, Ciego de Ávila, desde el 4 de marzo del 2002;
Carlos Brizuela Yera (Colegio de Periodistas Independientes de Camagüey),
encarcelado sin juicio en la Prisión Provincial de Holguín,
desde el 4 de marzo del 2002 y José Manuel Caraballo (Agencia
de Prensa Libre Avileña), sentenciado a 3 años de
trabajo correccional el 5 de septiembre del 2003, Prisión
de Canaleta, Ciego de Ávila.
Los 28 periodistas condenados sumariamente, están confinados
en cárceles de extrema seguridad, lo que implica que no tienen
derecho a rebaja de la sanción. La mayoría de ellos
fueron enviados a prisiones distantes hasta 650 millas de su ciudad
de residencia, alejados de sus hogares y familias. El caso extremo
es el de Víctor Rolando Arroyo, residente de Pinar del Río
la provincia más occidental del país y destinado a
la prisión de Chafarina, Guantánamo, en el extremo
oriental de la isla.
Los confinamientos lejos del hogar representan de hecho una doble
condena que afecta a esposas, madres, hijos y demás familiares,
obligados a prolongadas travesías en medio de la crisis de
transporte y las escasas posibilidades de alojamiento que encara
la población cubana. Las visitas familiares se han fijado
cada tres meses y cada cinco meses al llamado "pabellón
matrimonial", de acuerdo con el comportamiento del reo.
Las autoridades carcelarias han dispuesto 100 minutos mensuales
de llamadas telefónicas para los prisioneros, pero en la
mayoría de los casos se trata de un espejismo debido a la
frecuente rotura y carencia de equipos telefónicos, y la
"interrupción" de las líneas.
Las condiciones del encierro no pueden ser más deplorables:
alimentación pésima, permanencia en celdas tapiadas
bajo temperaturas asfixiantes, sin agua potable y deficiente higiene
sanitaria, donde proliferan ratas e insectos. Desde 1988 Cuba ha
impedido la entrada a sus prisiones de enviados de la Cruz Roja
Internacional y otras entidades de monitoreo.
Todos los recursos de casación interpuestos ante el Tribunal
Supremo Popular han sido desestimados.
En los últimos meses gobiernos democráticos, organismos
internacionales y agrupaciones de derechos humanos han apelado por
vías diplomáticas al gobierno cubano para que al menos
flexibilice los rigores de la cárcel y libere a los prisioneros
enfermos, algunos de ellos con edad avanzada y creciente deterioro
de salud. El 18 de septiembre, al cumplirse seis meses de los arrestos,
un grupo de 14 periodistas independientes envió una carta
al Consejo de Estado pidiendo una amnistía para sus 28 colegas
condenados a largas penas.
En cuanto a una veintena de personas varios periodistas incluidos
que entraron enfermos a la prisión y han visto empeorar allí
su situación médica, el gobierno ni siquiera tendría
que emitir un decreto de amnistía, sino acudir al propio
Código Penal vigente para concederles el beneficio de "licencias
extrapenales".
El caso más alarmante entre los periodistas enfermos en prisión
es el de Oscar Espinosa Chepe, de 62 años, quien padece de
cirrosis hepática. Tras el encarcelamiento, su salud se ha
deteriorado vertiginosamente; ha perdido más de 40 libras
de peso, presenta edemas en las piernas y sangre en las heces fecales.
Luego de fuertes insistencias de familiares y médicos conocedores
de su situación, fue trasladado de la cárcel de Guantánamo
al Hospital Ambrosio Grillo de Santiago de Cuba y de allí,
con carácter urgente, a la Sala de Seguridad del Estado del
Hospital Militar Carlos J. Finlay, en La Habana, donde aún
permanece.
Otros prisioneros con padecimientos serios son: Raúl Rivero,
de 57 años, con hipertensión y problemas hepáticos
y circulatorios; Carmelo Díaz Fernández, el prisionero
de mayor edad en el grupo con 66 años, afectado por la hipertensión,
una úlcera duodenal y trastornos circulatorios; Edel José
García, de 58, sin visión en el ojo izquierdo, afectado
del ojo derecho, con una úlcera estomacal, hemorroides y
trastornos psiquiátricos; Jorge Olivera, de 41, con hernia
hiatal y graves trastornos digestivos; y Miguel Galván Gutiérrez,
de 38, discapacitado físico, con afectaciones hepáticas
y estomacales.
El 15 de agosto los periodistas Mario Enrique Mayo, Adolfo Fernández
Saínz e Iván Hernández Carrillo, confinados
en la Prisión Provincial de Holguín, iniciaron una
huelga de hambre que se prolongó por diez días, en
protesta por la falta de medicamentos y alimentación adecuada.
El 31 de agosto, los periodistas Manuel Vázquez Portal, Juan
Carlos Herrera Acosta y Normando Hernández González,
junto a otros tres prisioneros de conciencia del penal de Boniato,
Santiago de Cuba, se declararon también en ayuno para pedir
mejores condiciones de higiene y alimentación. El ayuno provocó
que las autoridades decidieran dispersar a los prisioneros y trasladar
a Vázquez Portal a otro centro penitenciario en Santiago
de Cuba.
El 25 de septiembre Miguel Galván Gutiérrez comenzó
un ayuno y está renuente a aceptar el reglamento carcelario
en la prisión de Agüica, Matanzas.
El periodismo independiente está representado por un centenar
de periodistas independientes, atomizados en unas 40 agrupaciones
sin personalidad legal reconocida, frente a la maquinaria estatal
de 2.175 informadores oficiales que trabajan en los 548 medios de
comunicación existentes en el país, 237 de ellos con
versiones digitales.
La violencia contra el periodismo independiente es parte de una
ofensiva gubernamental que incluyó también las antenas
de fabricación casera para captar señales de televisión,
los bancos clandestinos de vídeo, las conexiones ilegales
a la Internet, los propietarios "no autorizados" de computadoras,
entre otros.
Otras acciones represivas que siguieron a la ola de arrestos y condenas
fueron:
- A comienzos de abril, un grupo de esposas
de los periodistas y opositores condenados fueron visitadas por
agentes de la Seguridad del Estado para advertirles que no podrían
continuar con la "caminata en silencio" que venían
realizando los domingos a la salida de la Iglesia de Santa Rita,
en La Habana. Desde el arresto de sus esposos, las mujeres emprendían
una caminata silenciosa a lo largo de la Quinta Avenida, en el reparto
Miramar, vestidas de blanco y con un pañuelo negro. Las manifestantes
decidieron acatar la orden para garantizar la atención de
los esposos encarcelados, aunque continúan asistiendo a la
misa dominical en esa iglesia habanera.
- El 23 de abril el gobierno informó
de que había sancionado a 31 personas que durante el 2002
utilizaban correos electrónicos ajenos y hacían "uso
indebido" de las redes informáticas. La Agencia de Control
y Supervisión creada en el 2001 también dio a conocer
que en el mismo período impuso 191 multas por violaciones
graves del espacio radioeléctrico y detectó otras
1.128 faltas menores en la labor de los radioaficionados cubanos.
- Decenas de reportes salidos de la isla indican
que las autoridades policiales citaron a periodistas independientes
que permanecen en libertad para persuadirlos de dejar su labor informativa,
so pena de ser encausados. En el período se registran además
sistemáticos cortes del servicio telefónico en sus
viviendas y llamadas de intimidación.
- El 4 de mayo las autoridades retuvieron en
el aeropuerto internacional de La Habana al periodista francés
Bernard Briancon, a quien le incautaron ocho cintas de video con
entrevistas. Briancon, responsable de la productora privada Mediasens,
había entrado a Cuba con visa de turista para realizar una
investigación sobre el movimiento disidente y la situación
de los derechos humanos en el país.
- El 20 de agosto las autoridades migratorias
negaron el permiso de salida temporal al periodista Oscar Mario
González, del Grupo Decoro, quien pretendía viajar
a Suecia para reencontrarse con su hija. La única explicación
ofrecida por los funcionarios de inmigración sobre la negativa
fue que cumplían "órdenes superiores".
- Muchos periodistas han optado por congelar
sus tareas informativas ante la posibilidad de ser encarcelados
y dejar a sus familias desprotegidas. Varias agencias han dejado
de operar como consecuencia del arresto de sus directores y principales
promotores. Algunos han acordado difundir sus despachos en el exterior
bajo anonimato o con el uso de seudónimos, como viene haciendo
la agencia Cubanet desde Miami. El auge de revistas y boletines
alternativos que venía produciéndose en La Habana
y otras ciudades del interior se ha visto frenado por las circunstancias.
No obstante, otros focos de creatividad
se mantienen vivos y actuantes. Desafiando las carencias materiales
y el cerco represivo, un grupo de fundadores de la revista bimestral
De Cuba lograron poner a circular el tercer número de la
publicación. La revista, confeccionada artesanalmente, comenzó
a editarse el pasado diciembre con el fin de abrir una ventana de
libertad informativa para los lectores de la isla.
Justamente las copias incautadas de De Cuba fueron parte de las
"evidencias" acusatorias en el proceso contra su director,
Ricardo González Alfonso, y su asesor, Raúl Rivero.
La revista fue catalogada por la fiscalía como una publicación
"subversiva", utilizada por la Sociedad de Periodistas
Márquez Sterling "como otra fachada para suministrar
información al gobierno norteamericano".
Dos mujeres periodistas integrantes del consejo de Redacción
de De Cuba, Claudia Márquez y Tania Quintero, han elaborado
este tercer número de 62 páginas, dedicado a brindar
testimonio sobre los 75 opositores arrestados el pasado marzo. Al
cierre de este informe habían sido impresas y distribuidas
unas 200 copias a lo largo del país, y las editoras planeaban
poner en circulación otras 200 en los próximos días.
A Márquez, quien funge como vicepresidenta de la Sociedad
de Periodistas Márquez Sterling, agentes de Seguridad del
Estado la habían amenazado anteriormente con retirarle la
custodia de su hijo de seis años, fruto del matrimonio con
el disidente Osvaldo Alfonso, quien cumple una condena de 18 años.
Por otro lado, la propaganda gubernamental despliega enormes recursos
para imponer sus desvaríos totalitarios y difamar a sus opositores
internos y externos.
El ámbito interno continúa gobernado por "la
batalla de ideas" decretada por Fidel Castro, la cual comprende
las "mesas redondas informativas" y las "tribunas
abiertas", con retrasmisiones demasiado frecuentes de los interminables
discursos del presidente venezolano Hugo Chávez. En una Instrucción
Teológico Pastoral de los Obispos Católicos de Cuba,
emitida el pasado 8 de septiembre, se cuestiona este estilo repetitivo
en la comunicación que al sobresaturar ideológicamente
el tratamiento de los problemas, "hace menos objetiva la información
y dificulta cualquier posibilidad de diálogo crítico".
"Es preocupante constatar que, actualmente, todo lo que en
el pensamiento y en las acciones no coincida con la ideología
oficial, se considera carente de legalidad y es descalificado y
combatido sin tener en cuenta la verdad y la bondad que pueda poseer",
afirmó el documento de la jerarquía católica
cubana.
Preocupado con el prestigio internacional ganado por la disidencia
interna, el gobierno encargó a dos parejas de periodistas
oficiales todos con reconocido aval de servicio al poder la redacción
de sendos libros para desacreditar a figuras del movimiento opositor,
sembrar intrigas y fragmentar las fuerzas del adversario: Los disidentes,
de Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, y El Camaján,
de Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo. De acuerdo con
informaciones extraoficiales que circulan dentro de la isla, se
hallan en preparación otros títulos de esta serie
editorial.
De cara al mundo exterior, el gobierno cubano inauguró el
pasado enero el sitio electrónico Antiterroristas.cu, destinado
a recabar apoyo internacional para la liberación de los llamados
Cinco Héroes Prisioneros del Imperio, los cinco cubanos condenados
por espionaje en Estados Unidos. Poco después quedó
constituido, bajo los auspicios de la oficialista Unión de
Periodistas de Cuba (UPEC), el Círculo de Periodistas contra
el Terrorismo, que el 14 de agosto lanzó otro sitio en la
Internet, denominado Cubadebate.cu, con similares fines propagandísticos.
Según el lenguaje de subterfugios de sus patrocinadores,
buscan "enfrentar el terrorismo mediático que globaliza
la mentira y sataniza a los luchadores y a los pueblos que no se
doblegan".
Uno de los blancos de ataque reiterado en los medios oficiales es
la SIP. En un artículo aparecido en el diario Granma en ocasión
de los 40 años de la fundación de la UPEC ("El
valor de los principios en el periodismo", de Ernesto Vera;
7-15-2003), se califica a la SIP como una institución "antidemocrática",
"cómplice del más extraordinario alud de campañas
mentirosas contra la revolución cubana" e identificada
con "el ejercicio de terror intelectual de más alcance
en la historia". El mismo articulista, ex presidente de la
UPEC, arremetió en un texto anterior ("Libertad de mentir
y matar"; Granma, 5-13-2003) contra la Declaración de
Chapultepec, señalándole que "niega el carácter
profesional de la función periodística, al condenar
la colegiación obligatoria".
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