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17 de junio del 2005

Aprender de los estudiantes de al lado

Por Emilio Sánchez

Desde 1999 el Internacional Media Center de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) desarrolla un programa de capacitación y entrenamiento a distancia para periodistas independientes de Cuba. Hasta ahora, más de 177 periodistas han recibido clases sobre temas de contenido y técnicas de redacción. Además, dentro de las propias organizaciones, ellos han enseñado lo aprendido a sus colegas, en un esfuerzo pedagógico multiplicador.

El International Media Center es un centro de educación e investigación de la Escuela de Periodismo y Comunicaciones de FIU. Así, el programa de capacitación con los cubanos es solamente uno dentro de los tantos que desarrolla el centro.

Se sabe que Cuba es, literalmente, un mundo aparte. Por eso las clases han tomado por caminos nada ortodoxos: textos de lectura enviados por correo desde países tan remotos como la India, o vídeos de clases grabadas desde Panamá. En una ocasión un instructor viajó como turista desde Canadá y, después de recorrer casi todas las playas para despistar, pudo impartir un día de taller a más de una veintena de periodistas y escapar.

Desde febrero de 2005 el Centro ha puesto en práctica una novedosa modalidad de videoconferencias desde una de las oficinas del Media Center, en el Biscayne Bay Campus, en Miami. En Cuba, ellos viajan mensualmente a la capital venciendo los obstáculos homéricos que cualquier ciudadano debe sufrir para trasladarse de una provincia a otra. La oficina de intereses de Estados Unidos en Cuba (no ha habido otras ofertas de otras embajadas o legaciones) les presta un salón donde se reúnen para recibir las clases. Desde allí ven y escuchan a los profesores, a quienes pueden interrumpir y hacer preguntas.

Ayer fue una de esas clases. Ricardo Trotti, director de Libertad de Prensa y del Instituto de Prensa de la SIP, fue invitado para que dictara una conferencia. En La Habana aguardaban expectantes treinta de ellos. Era la primera vez que un funcionario de la SIP se dirigía a tantos periodistas de la isla. Y la primera vez que ellos dialogaban con un representante de la organización que, desde 1959 y en voz de su presidente Jules Dubois –como se encargaron de recordar los mismos estudiantes— denunció los primeros atropellos a la libertad de prensa del castrismo.

La tecnología jugó una mala pasada y no hubo imagen, pero eso no hizo que mermara el interés.

Trotti saludó a los estudiantes de al lado del Estrecho de la Florida y enseguida les explicó acerca de la página de Cuba que el IP tiene en funcionamiento desde 1997. Allí no sólo van las resoluciones de la SIP de sus asambleas, sino los comunicados que permanentemente se divulgan sobre el tema cubano. Y van las propias colaboraciones de los periodistas. Es una lástima que los estudiantes no estuvieran tan familiarizados con esta página pues, como se sabe –aunque quizá no lo suficiente— en Cuba no existe acceso libre a la Internet.

Luego el director del Instituto les explicó el trabajo de la Comisión de Libertad de Prensa, esencia de la labor de la SIP, para vigilar y denunciar cualquier atropello a la libertad de prensa en el hemisferio. Señaló los desafíos actuales de la organización y destacó el trabajo realizado sobre Cuba, los vínculos con otras organizaciones internacionales como Reporteros Sin Fronteras, Comité para la Protección de los Periodistas, UNESCO, ASNE, WAN, y relató en detalle los planteamientos de la SIP en la reciente asamblea de la OEA, en particular, sobre la situación de los 23 periodistas que aún se encuentran en las cárceles.

Se refirió al trabajo de la Comisión de Impunidad, citando la cifra de 286 periodistas asesinados en la última década, y los avances y dificultades para lograr que ningún crimen quede impune.

Abordó lo realizado por la Comisión de Chapultepec, en particular para eliminar las leyes de desacato –tan utilizada en Cuba para encarcelar opositores-- y promover leyes de acceso a la información en los países latinoamericanos.

Trotti estuvo hablando durante casi una hora. Y a continuación los periodistas cubanos hicieron preguntas.

Armando Betancourt, de NPC, indagó cuál debía ser la conducta de un periodista si era testigo de un hecho de violencia: ¿reportarlo o impedir que se cometiera un atropello? Víctor Manuel Domínguez García, de APSIC, se interesó en saber cómo los periodistas latinoamericanos se enfrentaban a los límites del secreto de Estado. Mario González, del Grupo Decoro, preguntó cómo tener acceso a la Declaración de Chapultepec. Reynaldo Cosano Alen, de Lux Info Press, solicitó más detalles acerca de la labor de la SIP en relación con Cuba; Carlos Serpa, de Info Press, se refirió a las difíciles condiciones de vida de los periodistas y preguntó si la SIP podría ayudarlos monetariamente; Angel Pablo Polanco, de Noticuba, pidió vías más expeditas de comunicación con la SIP a fin de denunciar casos puntuales de golpizas y atropellos contra periodistas presos, como en el caso de Fabio Prieto Llorente; Lucas Jarve, de la Fundación para la Libertad de Expresión, hizo una amplia exposición acerca de la actividad de la SIP en defensa de los periodistas y destacó que le resultaba grato constatar que el movimiento de prensa independiente no estaba muerto, pese a los encarcelamientos y el exilio de muchos de sus protagonistas, y que la casi totalidad de los presentes eran periodistas recién incorporados; Lamasiel Gutiérrez, de NPC, insistió en establecer vías de comunicación permanentes con la SIP.

Ricardo Trotti respondió a todas las preguntas y prometió elevar a las autoridades de la SIP muchas de las preocupaciones de los estudiantes, entre ellas, las relativas a los contactos, la ayuda material y monetaria, y la publicación de colaboraciones de los periodistas en publicaciones del continente. Los estudiantes, con toda razón, reclamaron más acciones de la SIP y otras organizaciones sobre el caso cubano. Trotti, por su parte, al resaltar lo logrado apuntó el sentimiento de frustración al presentar demandas ante un Gobierno que ni siquiera acepta dialogar o dar la cara.

Los aplausos indicaron que se había consumido más tiempo que el programado. Fue una experiencia útil, productiva y emocionante. No en balde los periodistas se quedaron con los deseos de seguir la plática. Ya hay una promesa de proseguirla. En Miami, quienes escuchamos la conferencia y el diálogo tan franco entre los estudiantes y el conferencista nos sentimos emocionados y esperanzados. Todos aprendimos mucho.


 

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