Una tarde con la SIP en La Habana
Treinta
periodistas independientes escuchan una conferencia y
dialogan, vía telefónica, con el director
del Instituto de Prensa de la SIP, Ricardo Trotti
Desde
1999 el International Media Center de la Universidad Internacional
de la Florida (FIU) desarrolla un programa de capacitación
y entrenamiento a distancia para periodistas independientes
de Cuba. Hasta el presente, más de 177 han recibido
clases sobre temas de contenido y técnicas de redacción.
Luego, enseñan lo aprendido a sus colegas, en un
esfuerzo pedagógico multiplicador.
El International Media Center es una institución
de educación e investigación de la Escuela
de Periodismo y Comunicaciones de FIU. Así, el
programa de capacitación para los cubanos es solamente
uno dentro de los tantos que desarrolla el centro, liderado
por Charles H. Green, director; John Virtue, subdirector,
asistidos ambos por el periodista cubano Jorge Dalmau.
Se sabe que Cuba es, literalmente, un mundo aparte. Por
eso las clases han tomado por caminos nada ortodoxos:
textos de lectura enviados por correo desde países
tan remotos como la India, o vídeos de clases grabadas
desde Panamá. En una ocasión John Virtue
viajó como turista desde Canadá y, después
de pasear la isla para despistar, pudo impartir un taller
de cuatro horas a más de una veintena de periodistas
y esfumarse.
Desde
febrero de 2005 el Centro ha puesto en práctica
una novedosa modalidad de videoconferencias desde sus
oficinas en el Biscayne Bay Campus, en Miami. En Cuba,
los periodistas viajan mensualmente a la capital, venciendo
los obstáculos homéricos que cualquier ciudadano
está obligado a sufrir para ir de una provincia
a otra. La oficina de intereses de Estados Unidos en La
Habana les presta un salón donde se reúnen
para recibir las clases. Desde allí ven y escuchan
a los profesores, a quienes pueden interrumpir y hacer
preguntas.
Ayer fue una de esas sesiones. Ricardo Trotti, director
del Instituto de Prensa de la SIP, fue invitado para que
dictara una conferencia. En La Habana aguardaban expectantes
treinta cubanos. Era la primera vez que un funcionario
de la SIP se dirigía a tantos periodistas de la
isla.
Y la primera vez que ellos dialogaban con un representante
de la organización que, desde 1959 y en voz de
su presidente Jules Dubois —como se encargaron de
recordar los mismos estudiantes— denunció
los primeros atropellos a la libertad de prensa del castrismo.
La tecnología jugó una mala pasada y no
hubo imagen, pero eso no hizo que decayera el interés.
Trotti
saludó a los estudiantes de al lado del Estrecho
de la Florida y enseguida les contó acerca de la
página dedicada a Cuba que el IP tiene en funcionamiento
desde 1997 (www.sipiapa.com ). Allí no sólo
pueden consultarse las resoluciones de la SIP de sus asambleas,
sino también los frecuentes comunicados que se
divulgan sobre el tema cubano. Y las propias colaboraciones
de los periodistas. Es una lástima que los estudiantes
no estuvieran tan familiarizados con esta página
pues, como se sabe —aunque quizá no lo suficiente—
en Cuba no existe acceso libre a la Internet.
El
director del Instituto les explicó el trabajo de
la Comisión de Libertad de Prensa, esencia de la
labor de la SIP, para vigilar y denunciar cualquier atropello
a la libertad de prensa en el hemisferio. Señaló
los desafíos actuales de la organización
y destacó el compromiso de la SIP con el tema cubano,
los vínculos con otras organizaciones internacionales,
como Periodistas Sin Fronteras, Comité para la
Protección de los Periodistas, UNESCO, la Sociedad
Norteamericana de Editores de Periódicos (ASNE),
la Asociación Mundial de Periódicos (WAN),
y relató en detalle los planteamientos de la SIP
en la reciente asamblea de la OEA de Fort Lauderdale,
Florida, sobre la situación de los 23 periodistas
que aún se encuentran en las cárceles.
Se
refirió asimismo al trabajo de la Comisión
de Impunidad, y citó la cifra de 286 periodistas
asesinados en la última década, explicó
el empeño de lograr que ningún crimen quede
impune y las dificultades y modestos éxitos en
esta empresa.
Abordó
lo realizado por la Comisión de Chapultepec, en
particular para eliminar las leyes de desacato —tan
utilizada en Cuba para encarcelar a opositores—
y promover leyes de acceso a la información en
los países latinoamericanos.
Trotti
estuvo hablando durante casi una hora. Entonces los periodistas
cubanos hicieron preguntas.
Armando
Betancourt, de NPC, indagó cuál debía
ser la conducta de un periodista si era testigo de un
hecho de violencia: ¿reportarlo o impedir que se
cometiera un atropello? Víctor Manuel Domínguez
García, de APSIC, se interesó en saber cómo
los periodistas latinoamericanos se enfrentaban a los
límites del secreto de Estado. Mario González,
del Grupo Decoro, solicitó acceso a la declaración
de Chapultepec. Reinaldo Cosano Alen, de Lux Info Press,
pidió más detalles acerca de la labor de
la SIP en relación con Cuba; Carlos Serpa, de Info
Press, se refirió a las difíciles condiciones
de vida de los periodistas y preguntó si la SIP
podría ayudarlos monetariamente; Ángel Pablo
Polanco, de Noticuba, propuso vías más expeditas
de comunicación con la SIP a fin de denunciar casos
puntuales de golpizas y atropellos contra periodistas
presos, como en el caso de Fabio Prieto Llorente; Lucas
Garve, de la Fundación para la Libertad de Expresión,
hizo una amplia exposición acerca de la actividad
de la SIP en defensa de los periodistas y destacó
que le resultaba grato constatar que el movimiento de
prensa independiente no estaba muerto, pese a los encarcelamientos
y el exilio de muchos de sus protagonistas, y que la casi
totalidad de los presentes recién se habían
incorporado; Lamasiel Gutiérrez, de NPC, insistió
en establecer vías de comunicación permanentes
con la SIP.
Ricardo
Trotti respondió todas las preguntas y prometió
elevar a las autoridades de la SIP las preocupaciones
de los estudiantes, entre ellas, las relativas a los contactos,
la ayuda material y monetaria, y la publicación
de colaboraciones de los periodistas en publicaciones
del continente. Los cubanos, con toda razón, reclamaron
más acciones de la SIP y otras organizaciones a
favor de los periodistas presos. Trotti, por su parte,
al resaltar lo logrado, reconoció el sentimiento
de frustración al presentar demandas ante un gobierno
(el cubano) que ni siquiera acepta dialogar o dar la cara.
Los
aplausos indicaron el fin de la sesión. Felizmente,
se consumió más tiempo del programado. Fue
una experiencia útil, productiva y emocionante.
No en balde los periodistas se quedaron con los deseos
de seguir la plática. Ya hay una promesa de proseguirla.
En Miami, quienes escuchamos la conferencia y el diálogo
tan franco entre el conferencista y los estudiantes nos
sentimos enaltecidos y esperanzados. Todos aprendimos.