Patrias
y nostalgias*
Por
Manuel Vázquez Portal
Dos patrias tengo yo: Cuba,
y la mía
Paráfrasis de Roque Dalton sobre versos de José
Martí
Más de una patria
tiene el cubano; más de una nostalgia padece. Y
digo tanto del cubano encerrado en la isla como del cubano
que lleva la isla encerrada en su corazón.
La patria, a pesar de ser
una abstracción, es también una ristra de
vivencias y recuerdos. El lugar en que hemos vivido luego
nos vive para siempre en la memoria. Hay un olor de tiempo
transcurrido en cada paso nuevo. Una casa, un barrio,
una ciudad es la sementera donde nace la nostalgia cuando
los ojos, que ya no son los mismos, se cierran y los evocan.
La nostalgia es candil que sólo espera la brisa
del recuerdo para arder con más brillo. No sabe
el hombre vivir sin su memoria. Un amigo, un amor, una
mascota pueden, en la distancia del tiempo o del espacio,
devolvernos la orgía de fantasmas que creímos
era la felicidad.
Cada ser humano tiene una
patria íntima que es la verdaderamente dolorosa.
En ella él es rey y habitan todos los súbditos
de su corazón que, más tarde, lo tornan
vasallo de su ausencia. La compone y recompone con la
urdimbre de días que se entretejen y confunden,
relumbran y se pierden. Es más bello el pasado
porque puede borrarse lo que dolía. Es más
triste el pasado porque sólo podemos enmendarlo
en la memoria. De ese juego esplendente de ver con nuevos
ojos nacen los abrazos que dejamos de dar, caricia se
trueca el correazo de la abuela gruñona, salta
el perdón que a tiempo no otorgamos, brota, al
fin, el amor que nos torna magníficos en nuestra
nimiedad frente al vasto universo, la ancha vida.
La lidia perenne en que
seguimos siendo para dejar de ser, es la fuente de todas
las nostalgias. La patria se conforma de esa enrevesada
geografía de cicatrices con que se dibuja nuestra
poca historia. Donde hubo una casa queda el sueño
de quien la habitó, donde hubo un camino queda
el resonar de las pisadas de quienes lo cruzaron y, aunque
a la vuelta no hallemos la casa ni el camino, o nos parezca
distinto al que hibernamos en el recuerdo, seguiremos
doliéndonos por ellos. No hay salvación.
Es la memoria un cesto de prodigios. La flor muerta vuelve
a perfumar, vuelve a soñar el niño que dejamos
atrás y nos alcanza una sonrisa que tal vez perdimos.
Para el cubano, que se
llevó su casa y su camino en la maleta del exilio,
la nostalgia le nace del pasado. Para el cubano, que le
han borrado su casa y su camino cuando aún la habita
y lo cruza, la nostalgia le nace del presente. Para el
cubano del exilio la nostalgia es volver. Para el cubano
de la isla la nostalgia es marcharse.
Pero irse o volver es una
trampa. La patria íntima permanece. No puede volverse
a ella porque ya no estaría tal cual la evocamos.
No puede abandonarse porque viajaría con nosotros
a cualquier parte. La patria no se hace de viajes o de
claustros. No escapa de ella quien se aleja, ni permanece
en ella quien se queda. La patria anda con nosotros. Es
personal, irrepetible, propia. Sólo los tontos,
los locos o los sátrapas creen que su patria es
la patria de todos. Sólo los tontos, los locos
o los sátrapas creen que su patria es la patria
única. Sólo los tontos, los locos o los
sátrapas creen que aquéllos que no aceptan
su patria se quedan sin patria alguna. Para que la patria
sea de todos es necesario que se respete, cuide y deje
florecer la patria de cada uno. Nadie tiene derecho a
imponer su patria como paradigma. La gran patria se arma
cuando confluyen en ella todas las patrias íntimas
y hallan juntas su realización.
Padece nostalgia el que
se va obligado por alguien que quiere imponerle una patria
que no es la de él, y padece nostalgia el que se
queda desandando una patria prestada, dibujada por otros
caprichos y que le imponen a riesgo de perder la suya
propia. Víctimas son los dos. Los que de lejos
añoran la patria que fue, los que desde dentro
añoran la patria que sería. Víctimas
son los dos porque ninguno tiene patria grande. Sólo
la patria que permite el don natural de la patria íntima
merece el privilegio de llamarse patria. Y ésa
no es Cuba, o no es la Cuba mía.
*Tomado
de El Nuevo Herald, 12 de febrero del 2006.